Cuando se produce un infarto de miocardio, el corazón pierde fuerza para latir debido a la muerte de las células del área afectada, que dejan de recibir sangre desde las arterias coronarias. Este hecho, en función de la gravedad, puede condicionar la capacidad para llevar a cabo actividades cotidianas , así como la calidad y la esperanza de vida. Recuperar parte de la fuerza para bombear la sangre es uno de los objetivos que persiguen los profesionales que estudian la regeneración del corazón. El grupo de investigación en Insuficiencia Cardíaca y Regeneración Cardíaca (ICREC) del Institut Germans Trias ha ratificado en los últimos meses que las investigaciones que está llevando a cabo lo consiguen . Así se publica en la revista Stem Cells Translational Medicine .

En el año 2013 este grupo ya demostró la capacidad de un tipo de células madre derivadas de la sangre del cordón umbilical de humanos, llamadas mesenquimales, para formar pequeños vasos sanguíneos en el área infartada del corazón de ratones y reoxigenarla. Las células se introdujeron en forma de parche (bioimplante) acompañadas de una proteína llamada fibrina que ayudaba a fijarlas sobre la zona infartada. De esta manera, se constató que al cabo de un mes se producía una disminución significativa de la medida del infarto.

El siguiente paso ha sido estudiar la mejora de la funcionalidad del corazón gracias a este sistema. Y el resultado ha sido positivo: los ratones tratados con las células mesenquimales después de un infarto han aumentado un 21,6% la fuerza del latido cardíaco para bombear la sangre. El estudio, liderado por el Dr. Antoni Bayés - Genís, se ha hecho en colaboración con el grupo de Terapia Celular del Institut de Química Avançada de Catalunya (IQAC) y está financiado, en parte, por la Fundació La Marató de TV3 .

Infarto y necesidad de regenerar el corazón

Cuando se produce un infarto, la sangre deja de circular y de nutrir correctamente las células del músculo cardíaco. Como consecuencia, se alteran irreversiblemente, mueren y generan una cicatriz no contráctil que afecta a la capacidad de latir del corazón . Actualmente, además de los tratamientos farmacológicos y quirúrgicos convencionales dirigidos a recuperar los vasos sanguíneos de la zona afectada, la única opción terapéutica que garantiza la plena recuperación funcional del corazón es su trasplante. Si embargo, esta opción queda muy limitada por el número de donantes y por posibles reacciones de rechazo post-trasplante. Por este motivo se intentan desarrollar nuevas estrategias para implantar células madre que regeneren el tejido. Entre estas se encuentran las procedentes de la sangre del cordón umbilical, y un tipo son las mesenquimales.

Una línea de investigación que cuenta con más de una década

Las células madre mesenquimales son multipotenciales, es decir, que tienen capacidad para convertirse en v arios tipos de células: óseas, de cartílago, de grasa, musculares o neuronales. En el año 2007, los mismos investigadores demostraron la presencia de estas células en la sangre del cordón umbilical y plantearon su posible uso para la regeneración cardíaca. En esta línea trabajan desde entonces.

Fijar las células en la zona del infarto

Uno de los retos ha sido encontrar la forma óptima de introducir las células madre en la zona del infarto, ya que otros grupos han demostrado que , liberadas como inyecciones directas o de forma intravenosa , pueden morir rápidamente o dirigirse hacia otros órganos. Por este motivo, los investigadores de Germans Trias mezclan las células con fibrina, una proteína que hace posible que se adhieran en la zona infartada y que permanezcan a lo largo de las cuatro semanas que dura el estudio.

Futuro: alargar la vida de las células mesenquimales

Ya que las células reducen la medida del infarto y mejoran la función cardíaca, los investigadores estudiarán ahora cómo alargarles la vida una vez implantadas, de forma que puedan aportar más beneficios. Más adelante, se plantearía estudiar su seguridad y b eneficio en corazones humanos.

También, vista su capacidad para generar nuevos vasos en zonas que los habían perdido, “el hallazgo confirma el potencial de estas células para tratar otras enfermedades con déficit vascular como el ictus o la enfermedad arterial periférica, sin olvidar aplicaciones generales en cirugía vascular”, destaca el doctor Bayés - Genís, investigador principal del estudio.

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