Hasta que no baje el nivel del mar, no se podrán evaluar los daños que el temporal Gloria ha provocado en el Delta, por lo que piden, por ahora, ser prudentes

Los investigadores del IRTA dicen que es pronto para evaluar los daños que ha provocado el temporal Gloria en el Delta del Ebro, y piden ser prudentes y «no caer en el catastrofismo». «Hay que esperar a que baje el nivel del mar para observar cuál es la nueva línea de costa y analizar los procesos que la han modificado», afirma Nuno Caiola, investigador del programa de Aguas Marinas y Continentales del IRTA. «Lo que sí podemos asegurar es que las partes de la costa más dañadas serán las que estaban protegidas por espigones; en cambio, las seminaturales probablemente hayan sufrido menos daños y serán más fáciles de recuperar», añade.

Para minimizar los efectos de los temporales en la costa, «la playa tiene que ser resiliente, suficientemente ancha, y estar en buenas condiciones ecológicas», y para que así sea «hay que diseñar actuaciones para restaurar las playas más debilitadas» ―la de la Marquesa y la de la Isla de Buda―, «ya sea aportando arena, recuperando humedales y dunas, o combinando las dos». Sin embargo, comenta el investigador del IRTA, «estas intervenciones no bastan, ya que la subida del nivel del mar por el cambio climático y la subsidencia requieren medidas en la cuenca del Ebro, y estas implican un cambio en la gestión de los embalses».

«Fenómenos como el Gloria», alerta Caiola, «evidencian que es necesario implantar soluciones que hace años que estamos reclamando, como recuperar los sedimentos fluviales». Los sedimentos que podrían alimentar al Delta y, por tanto, evitar su recesión ―que es de más de 10 metros anuales en la isla de Buda―, no llegan porque quedan retenidos en embalses como el de Riba-Roja y Mequinenza. Antes de que éstos se construyeran, al Delta llegaban 20 millones de toneladas de sedimentos al año; ahora solamente llegan 90.000 toneladas. Por ello, una de las soluciones que proponen es movilizar los materiales retenidos en los embalses. A menos sedimentos, más erosión; a más sedimentos acumulados en la desembocadura, en cambio, éstos se redistribuirán cuando se produzcan fuertes hidrodinamismos como los de estos días, y se minimizará la erosión», apunta Caiola.

En cuanto a los costes de restaurar el flujo de sedimentos en el Delta, afirma: «según nuestros números preliminares no sería caro, sobre todo si se contrasta con los costes tanto ecológicos como económicos que implica no hacerlo, y que están asociados a problemas como la mosca negra, el crecimiento de algas para la central nuclear, o los relacionados con el turismo y la navegación».

La movilización de sedimentos del río Ebro es una de las soluciones que propusieron los investigadores del IRTA en Sant Carles de la Ràpita, dentro del proyecto Life Ebro Admiclim, y que se recogen en el documento Acciones para el clima en el Delta del Ebro (en inglés). El proyecto concluyó que harían falta al menos 1,2 millones de toneladas anuales de sedimentos para que el Delta deje de retroceder.

Efectos sobre el marisco

El IRTA tiene el encargo de la Dirección General de Pesca de la Generalitat de llevar a cabo los análisis del agua para evaluar la presencia de toxinas, contaminación microbiológica y química. Los resultados de estos análisis revelaran cuales han sido los efectos del temporal en el medio marino. Además, el IRTA también está llevando a cabo trabajos de campo para estudiar el impacto en los viveros de ostras y mejillones, que han quedado muy dañados, así como en las poblaciones de nacra, una especie de bivalvo endémica del Mediterráneo en riesgo crítico de extinción y que podría haber quedado muy afectada.


Los daños sobre el cultivo del arroz

El temporal ha destruido toda la infraestructura de riego y drenajes de las fincas más cercanas al mar. «La arena ha invadido las fincas, los canales de riego están dañados, y habrá mucho trabajo por hacer para recuperar estas infraestructuras», afirma Mar Català, investigadora del IRTA especialista en arroz de la Estación Experimental del Ebro. La investigadora explica que «habrá que lavar bien los campos con agua dulce del río» para minimizar los efectos de la salinización provocada por el agua del mar sobre los cultivos.

Fuente: IRTA

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