La inmunidad contra la COVID, y cualquier otro virus, es mucho más que anticuerpos. Desde que comenzó la pandemia y sobre todo con el estudio y llegada de las vacunas hemos oído hablar mucho de cómo se desarrolla la inmunidad frente al virus, de la producción o no de anticuerpos, de la inmunidad celular, etc. En este post hablamos sobre los dos tipos de inmunidad adaptativa que existen y que ayudan a defender al cuerpo frente a patógenos y agresores: celular y humoral. Ya que el tema es de plena actualidad, repasemos lo más importante.

Características de la inmunidad adaptativa

  • Especificidad: la inmunidad adaptativa depende de la función de linfocitos y se caracteriza por ser capaz de disparar una respuesta inmunitaria específica frente al agresor.
  • Memoria: posee memoria inmunológica, importante para reconocer al patógeno que ataca de nuevo. Gracias a esta memoria la respuesta inmunitaria es mucho más rápida y eficaz.
  • Diversidad: presenta una amplia respuesta frente a patógenos.
  • Lenta: a diferencia de la inmunidad innata, que es muy rápida y se pone enseguida en marcha, esta tarda días en ponerse en marcha.
  • Celular y humoral: pueden diferenciarse dos tipos de inmunidad adaptativa: la inmunidad celular y la inmunidad humoral. La primera es mediada principalmente por los linfocitos T, mientras que la segunda es mediada principalmente por los linfocitos B.

Inmunidad celular y humoral, diferencias importantes

  1. La inmunidad celular está principalmente especializada en luchar contra patógenos intracelulares, como pueden ser los virus, parásitos o patógenos que han sido fagocitados. Para ello, cuentan con la ayuda de células como los macrófagos o las células dendríticas, que les presentan los antígenos a través de moléculas MHC I. Los principales efectores son los linfocitos T citotóxicos. Si bien, otro tipo de células T, los linfocitos T cooperadores, también pueden participar en la gestión inmunitaria de antígenos extracelulares a través de MHC-II, activando otras células de la inmunidad y mediante la secreción de citoquinas.
  2. La inmunidad humoral sin embargo, actúa más bien contra patógenos extracelulares a través de moléculas que circulan en la sangre y en secreciones de las mucosas, como son los anticuerpos. En este caso intervienen los linfocitos B, que al reconocer antígeno se convierten en células plasmáticas productoras de anticuerpos. Hay que recordar que después de producirse este tipo de respuesta inmunitaria quedarán como remanentes los linfocitos B de memoria. Los mismos que facilitarán que la respuesta secundaria sea más rápida.

Ambos tipos, células T y B, trabajan de manera coordinada y secuencial para conseguir una eficacia máxima con el mínimo gasto energético posible.

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