Alimentarse, descansar y respirar son necesidades básicas que todo ser humano realiza desde el nacimiento: son las necesidades que ocupan la base de la pirámide de Maslow, referentes a la supervivencia. Si éstas no están bien atendidas pueden afectar a la persona, y una consecuencia de ello son las patologías. Si bien la calidad del aire o un mal descanso pueden comportar problemas, con la alimentación ocurre lo mismo.

No son pocas las enfermedades causadas por una mala alimentación. Por ello, la dieta saludable es un importante mecanismo a tener en cuenta en la prevención de muchas patologías, como por ejemplo la degeneración macular asociada a la edad (DMAE), las cataratas, el glaucoma y ciertas retinopatías. Estas enfermedades pueden acabar en ceguera.

Existen diversas líneas de investigación que trabajan en el campo de la nutrición. Por ejemplo, la Barcelona Macula Foundation y el Centro de Regulación Genómica (CRG), en estrecha colaboración con el Institut de la Màcula, están trabajando en un estudio que pretende analizar la microbiota intestinal y bucal de pacientes diagnosticados con DMAE. Estudios recientes sugieren que el microbioma puede tener un papel importante en la patogénesis de la DMAE y, a diferencia de otros factores, el microbioma es potencialmente modificable.

También se están desarrollando estrategias de nutrición utilizando antioxidantes, basándose fundamentalmente en que la degeneración retiniana se produce, entre otros factores, por un grave daño oxidativo -como ocurre, por ejemplo, con la DMAE y Retinosis Pigmentaria. Ante esta situación, los antioxidantes pueden enlentecer la muerte de los fotorreceptores.

Entre las vitaminas con más poder antioxidante destacan la vitamina B1, C y E. La vitamina B1 está presente en alimentos como la levadura, el arroz, el pescado, la carne de cerdo, los frutos secos, el germen de trigo, la leche y derivados. La vitamina C se encuentra en una amplia variedad de alimentos, como las frutas cítricas, tomates, pimientos y verduras como la col, la coliflor o el brócoli. La vitamina E, por último, se localiza en yema de huevo, carne, marisco, trigo y otros cereales, verduras de hoja verde, aceites vegetales y aguacates.

No obstante, es importante no dejar de lado al caroteno (pre-vitamina A) y los flavonoides, y el poder antioxidante que tienen. El primero se encuentra en la zanahoria, el berro, la espinaca, el puerro, la calabaza, el mango o el salmón; mientras que el segundo está en frutas como la uva, la fresa, los arándanos o el plátano, plantas como la berenjena y la cebolla, y bebidas como el vino, el té verde y el té negro.

Una alimentación rica en vitaminas, minerales, sustancias carotenoides y flavonoides, licopeno, luteína y zeaxantina protege frente a los radicales libres y, por esto mismo, es una recomendación a tener en cuenta como prevención de patologías oculares.

Fuente: BMF Barcelona Macula Foundation: Research for Vision

https://barcelonamaculafound.org/es/antioxidantes-degeneracion-retiniana/
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