Comer o no comer pescado es una cuestión que desde hace tiempo preocupa a las mujeres embarazadas. Ahora, un estudio internacional liderado por la Universidad del Sur de California (USC) muestra que los niños cuyas madres comieron pescado de una a tres veces por semana durante el embarazo presentaron más probabilidades de tener un mejor perfil metabólico —a pesar del riesgo de exposición al mercurio—, que los niños cuyas madres comieron pescado menos de una vez a la semana. Los hallazgos se han publicado esta semana en JAMA Network Open. En Barcelona, han contribuido al estudio la Unidad de Proteómica del Centro de Regulación Genómica (CRG) y la UPF e investigadores del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por ”la Caixa”.

"El pescado es una fuente importante de nutrientes y no se debería evitar su consumo", dice Leda Chatzi, profesora asociada de medicina preventiva en la Keck School of Medicine de la USC e investigadora principal del estudio. "Pero las mujeres embarazadas deberían consumir de una a tres porciones de pescado a la semana como se recomienda, y no comer más, debido a la posible contaminación del pescado con mercurio y otros contaminantes orgánicos persistentes". El pescado es una fuente importante de ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga omega-3 que son importantes para el feto en desarrollo. Sin embargo, algunos tipos, como el pez espada, el tiburón y la caballa, pueden contener altos niveles de mercurio, una potente toxina que puede causar daño neurológico permanente.

Los hijos de mujeres que comieron pescado de una a tres veces por semana tuvieron puntuaciones de síndrome metabólico más bajas que los hijos de mujeres que comieron pescado menos de una vez por semana.

Los investigadores analizaron 805 parejas de madres e hijos de cinco países europeos que participan en el proyecto de investigación colaborativa HELIX, coordinado por ISGlobal, que sigue a las mujeres y sus hijos desde el embarazo en adelante.

Durante su embarazo, se les preguntó a las mujeres sobre su consumo semanal de pescado y se les realizó una prueba de exposición al mercurio. Cuando los niños tenían entre 6 y 12 años, se les realizó un examen clínico con varias medidas, incluyendo circunferencia de la cintura, presión arterial, colesterol de lipoproteínas de alta densidad, niveles de triglicéridos y niveles de insulina. Estas medidas se combinaron para calcular una puntuación del síndrome metabólico.

La Unidad de Proteómica contribuyó haciendo el análisis y cuantificaciones de diversas proteínas en el plasma de más de 1200 voluntarios distribuidos entre 6 cohortes europeas. El responsable de la Unidad, Eduard Sabidó, detalla que “la detección y cuantificación de proteínas la hicimos mediante ensayos inmunológicos que nos permitieron cuantificar 50 proteínas preseleccionadas”. Estas medidas se complementaron con otras informaciones de metabolómica y transcriptómica, así como diversos datos de exposición a riesgos de salud. “Entonces, se correlacionaron las informaciones moleculares con las exposiciones a diferentes riesgos y susceptibilidades, par establecer relaciones entre marcadores moleculares y fenotipos de exposiciones”, añade.

Más pescado no es mejor

Los hijos de mujeres que comieron pescado de una a tres veces por semana tuvieron puntuaciones de síndrome metabólico más bajas que los hijos de mujeres que comieron pescado menos de una vez por semana. Pero el beneficio disminuyó si las mujeres comían pescado más de tres veces por semana.

"El pescado puede ser una ruta común de exposición a ciertos contaminantes químicos que pueden ejercer efectos adversos", dice Nikos Stratakis, investigador postdoctoral de la USC y uno de los autores del estudio. "Es posible que cuando las mujeres comen pescado más de tres veces por semana, la exposición a contaminantes pueda contrarrestar los efectos beneficiosos del consumo de pescado que se observan en niveles de ingesta más bajos". El estudio encontró que una mayor concentración de mercurio en la sangre de una mujer estaba asociada con una puntuación más alta del síndrome metabólico en su hijo.

Es posible que cuando las mujeres comen pescado más de tres veces por semana, la exposición a contaminantes pueda contrarrestar los efectos beneficiosos del consumo de pescado que se observan en niveles de ingesta más bajos.

Por todo esto, Martine Vrijheid, coordinadora del proyecto HELIX e investigadora de ISGlobal, considera que “el daño metabólico potencial de la exposición al mercurio es preocupante y que se necesitan esfuerzos para limitar la contaminación por mercurio, sobre todo en países con niveles de exposición relativamente altos, como España”.

El estudio también examinó cómo el consumo de pescado por parte de la madre afectó a los niveles de citocinas y adipocinas en su hijo. Estos biomarcadores están relacionados con la inflamación, que contribuye al síndrome metabólico. En comparación con la baja ingesta de pescado, el consumo moderado y alto de pescado durante el embarazo se asoció con niveles reducidos de citocinas y adipocinas proinflamatorias en los niños.

Este es el primer estudio en humanos que muestra que la reducción de estos biomarcadores de inflamación podría ser el mecanismo subyacente que explica por qué el consumo de pescado materno está asociado con una mejor salud metabólica del niño.

Los investigadores planean analizar los efectos del consumo de diferentes tipos de pescado con diferentes nutrientes y niveles de mercurio y hacer un seguimiento de estos niños hasta la edad de 14-15 años.

Artículo de referencia:

Stratakis N, Conti DV, Borras E, et al. Association of Fish Consumption and Mercury Exposure During Pregnancy With Metabolic Health and Inflammatory Biomarkers in Children. JAMA Netw Open. 2020;3(3):e201007. http://dx.doi.org/10.1001/jamanetworkopen.2020.1007.

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