Los posos de café que habitualmente acaban en la basura pueden tener una segunda vida como materia prima para producir biocombustibles y otros productos de alto valor añadido. Un estudio de la Universitat Rovira i Virgili (URV) ha evaluado cómo extraer su aceite de manera eficiente y, al mismo tiempo, conservar el resto del material vegetal para que también pueda aprovecharse en procesos posteriores.
La investigación, publicada en Biomass and Bioenergy, se centra en los residuos del café ya utilizado, conocidos en inglés como spent coffee grounds. Se trata de un residuo muy abundante: según el artículo, la producción mundial de granos de café se sitúa en torno a los 10 millones de toneladas anuales y, tras preparar la bebida, solo una pequeña parte acaba incorporada al café consumido. El resto se convierte en residuo sólido, una parte importante del cual son los posos de café. Estos residuos contienen aproximadamente un 15% de lípidos, es decir, grasas que pueden servir como base para obtener biodiésel.
El equipo investigador, integrado por Jorge F. Romero, Alberto Tampieri, Daniel Montané, Magdalena Constantí y Francesc Medina, del Departamento de Ingeniería Química de la URV, ha estudiado cómo influyen tres factores clave en la extracción de este aceite: la temperatura, el tiempo del proceso y la proporción entre disolvente y residuo de café. Para ello, utilizaron n-hexano, un disolvente empleado habitualmente en la extracción de grasas, y aplicaron un diseño experimental que les permitió analizar la combinación de todas estas variables.
«Hemos comprobado que las condiciones óptimas se encuentran a 45 ºC, durante 60 minutos y con una proporción de 35 mililitros de hexano por gramo de poso seco», explica Magdalena Constantí, una de las autoras del estudio. Con estos parámetros, el proceso permite recuperar aproximadamente el 90% del aceite que se obtiene mediante Soxhlet, una técnica de laboratorio muy utilizada como referencia porque ofrece rendimientos elevados, pero que requiere más tiempo y más energía y no resulta tan recomendable para una aplicación industrial.
Además de la cantidad de aceite recuperado, el estudio pone el acento en la calidad del extracto. El proceso optimizado generó un aceite con una fracción de impurezas muy baja, del 0,3 %, mientras que con Soxhlet esta fracción alcanzaba el 3,9%. El análisis de la composición de las grasas mostró que el perfil de ácidos grasos se mantenía estable en las distintas condiciones ensayadas y estaba dominado por los ácidos linoleico y palmítico, dos componentes relevantes para valorar el potencial de este aceite como materia prima para la producción de biodiésel.
«En nuestro estudio también demostramos que extraer el aceite no tiene por qué comprometer el aprovechamiento del resto del residuo», señala Francesc Medina, investigador del Departamento de Ingeniería Química que ha participado en la investigación. De hecho, uno de los objetivos del estudio era preservar la denominada matriz lignocelulósica de los posos, formada por componentes como la celulosa, la hemicelulosa y la lignina. Estas fracciones pueden utilizarse posteriormente para obtener otros productos, como bioetanol, ácido láctico, polihidroxialcanoatos, precursores de combustibles sostenibles de aviación y compuestos fenólicos.
En este sentido, el proceso de extracción no solo permite recuperar aceite, sino que también actúa como un pretratamiento. Las grasas presentes en el residuo pueden dificultar el acceso de los disolventes o catalizadores al resto de la biomasa. Al eliminar esta barrera sin alterar de manera significativa la estructura del material, el residuo desgrasado queda mejor preparado para una valorización posterior.
El equipo investigador también comparó este método con técnicas como la extracción asistida por ultrasonidos o microondas. Aunque estas alternativas pueden acelerar la extracción inicial, el estudio concluye que no ofrecen una ventaja suficiente en términos de calidad del aceite, eficiencia global, demanda energética y escalabilidad. Por ello, el proceso por lotes con n-hexano en condiciones moderadas se perfila como una opción más equilibrada para integrarse en una estrategia de biorrefinería.
Esta propuesta se enmarca en la economía circular y en la necesidad de desarrollar combustibles renovables para sectores difíciles de electrificar, como el transporte pesado. El aprovechamiento integral de los posos de café «permite transformar un residuo habitualmente infrautilizado en diferentes vectores energéticos y productos químicos de origen biológico, así como reducir el impacto ambiental asociado a su acumulación», explica Daniel Montané, investigador del mismo departamento que también ha participado en el estudio. Esto permitiría abrir nuevas vías para la producción sostenible de biocombustibles.
Referencia bibliográfica: Jorge F. Romero, Alberto Tampieri, Daniel Montané, Magdalena Constantí, Francesc Medina. Systematic evaluation of batch hexane extraction as a scalable pretreatment for the comprehensive valorization of spent coffee grounds. Biomass and Bioenergy. https://doi.org/10.1016/j.biombioe.2026.109467.