Si “confinamiento” fue la palabra de 2020, “vacuna” es una firme candidata para 2021. Estos fármacos trajeron esperanza al final de un duro año en el que el coronavirus ya había robado millones de vidas en todo el mundo. Quizá por eso me pareció controvertida la publicación en enero del libro del también polémico investigador médico Peter C. Gøtzsche (Dinamarca, 1949) Vacunas: Verdades, mentiras y controversia. El texto original había visto la luz justo antes de que empezara la pandemia, pero sentí que su traducción al español no podía haber llegar en peor momento.

La tesis del libro es simple: las vacunas son uno de los inventos que más vidas han salvado en la historia. Cuando se materializan en forma de un producto real queda patente que hay vacunas buenas y vacunas malas. Tampoco debemos fiarnos porque sí, ya que hay muchos intereses económicos detrás. Incluso existen conflictos de intereses dentro de organizaciones en apariencia puras como la EMA y la OMS, sin olvidar a los investigadores, revistas científicas y fundaciones benéficas. Sí, Gøtzsche también tiene tiempo para hablar de Bill Gates.

He llegado a la conclusión de que todo el mundo debería vacunarse contra el sarampión y, en cambio, nadie tiene por qué vacunarse contra la gripe

Peter C. Gøtzsche

En Vacunas, Gøtzsche analiza la historia y literatura científica de varias de ellas y asegura que se sitúa en una posición intermedia entre los antivacunas y los fanáticos de estos productos, pues considera ambas posturas perjudiciales. El propio autor resume bien su libro en una frase: “He llegado a la conclusión de que todo el mundo debería vacunarse contra el sarampión y, en cambio, nadie tiene por qué vacunarse contra la gripe. El caso de la vacuna contra el virus del papiloma humano [VPH] es mucho más complejo”.

vacunas Capitán Swing

El libro se lee rápido y guarda muchos mensajes valiosos en su interior sobre la necesidad de mejorar la investigación de las vacunas y la transparencia que la rodea. Gøtzsche es metódico y eso se refleja en Vacunas, donde se suceden los porcentajes, coeficientes de riesgo y los intervalos de confianza. Aun así, el texto es bastante accesible para el público no especializado, aunque el exceso de datos podría llegar a marear al lector generalista.

Quizá la mayor decepción de Vacunas es que vaya a lo fácil, a pesar de que el estilo macarra del autor pueda despistarnos. Su núcleo se centra en tres sueros cuya historia ya ha sido contada hasta la saciedad: sarampión, gripe y VPH.

El libro se lee rápido y guarda muchos mensajes valiosos en su interior sobre la necesidad de mejorar la investigación de las vacuna. Quizá la mayor decepción de Vacunas es que vaya a lo fácil

Andrew Wakefield —el exinvestigador británico que difundió el bulo de que existe una relación entre las vacunas y el autismo— es uno de los mayores sinvergüenzas de la historia de la ciencia, pero es posible que muchos lectores interesados en este tema no quieran escucharlo de nuevo. Tampoco Gøtzsche se moja cuando critica la mala ciencia y los intereses que rodean a las vacunas —algo importante pero bien conocido— sin cuestionar el statu quo ni un modelo al que, en plena crisis de la covid-19, se le han visto todas las costuras.

“¿Somos víctimas de un pánico masivo?”

Cuando el libro se publicó en enero de este año me preocupó que su mensaje pudiera dañar las campañas de vacunación de la covid-19, que justo acababan de empezar. Sin embargo, creo que el tiempo le ha dado la razón a Gøtzsche: los sucesivos problemas a los que se han enfrentado estos fármacos han puesto de manifiesto la necesidad de una mayor transparencia y control.

Como dice el autor: “En la actualidad se vacunan miles de millones de personas y se ganan miles de millones con las vacunas. Por lo tanto, nada justifica que no se exija un mayor rigor en los estudios”. Sin eso, la confianza es imposible. Y una advertencia: “Al descubrir el engaño respecto a una vacuna concreta que genera dudas, es posible que la sociedad decida rechazar todas en bloque”.

Gøtzsche ya ha sido utilizado por antivacunas y negacionistas de la pandemia, quienes citaron al médico danés en una carta en la que pedían al presidente de Brasil levantar todas las restricciones de un país que ha superado las 3.000 muertes diarias

A pesar de esto, mis miedos no eran infundados. Gøtzsche ya ha sido utilizado por antivacunas y negacionistas de la pandemia, quienes citaron al médico danés en una carta en la que pedían al presidente de Brasil Jair Bolsonaro levantar todas las restricciones de un país que ha superado la barrera de las 3.000 muertes diarias. El autor tiene derecho a enfadarse por ello, pero tampoco puede sorprenderse.

El 6 de marzo de 2020 Gøtzsche escribió un artículo de opinión en la revista BMJ, con el título de “¿somos víctimas de un pánico masivo?”, en el que se preguntaba si no estaríamos exagerando con el SARS-CoV-2. Cuando vi que la edición española de Vacunas incluiría un capítulo centrado en la covid-19 pensé que era la oportunidad perfecta para que el médico saliera de las arenas movedizas en las que él mismo se había metido el año anterior. En su lugar, prefiere hundirse más y más en la tesis de que hemos exagerado con la pandemia.

El capítulo sobre la covid-19 combina reflexiones acertadas con otras muy desafortunadas. Por desgracia, estas últimas eclipsan a las primeras. Es imposible no levantar una ceja cuando el autor compara las muertes provocadas por una enfermedad contagiosa con las de accidentes de tráfico —no existen evidencias científicas de que estos se propaguen como el coronavirus— y, además, insiste en la baja letalidad de la covid-19.

El capítulo sobre la covid-19 combina reflexiones acertadas con otras muy desafortunadas. Por desgracia, estas últimas eclipsan a las primeras

Las cifras de letalidad que aporta, extraída de los cálculos de su amigo John Ioannidis —hoy caído en desgracia por minusvalorar la pandemia y ocultar conflictos de intereses— son absolutamente ridículas. No es posible tomar en serio a Gøtzsche cuando asegura que la letalidad por infectado de la covid-19 en EE UU podría ser del 0,125 % cuando ha muerto ya más de medio millón de estadounidenses por su culpa. Es decir, el 0,17 % de la población. Insisto: no de los infectados, ¡de todo el país!

El carácter metódico y el amor por los datos de Gøtzsche es uno de los puntos fuertes de Vacunas, pero se convierte en su talón de Aquiles a la hora de analizar la pandemia. El autor parece incapaz de entender que una crisis de salud pública obliga a usar una vara de medir distinta. En su libro utiliza décadas de ensayos clínicos y estudios sobre fármacos que llevamos utilizando muchísimo tiempo. Su amor por las evidencias es aplicable a las vacunas, no se puede extrapolar a confinamientos y mascarillas.

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