Un equipo de investigadores de la Universidad de Barcelona y del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL) ha identificado nuevas regiones del genoma viral en las que se pueden introducir diversas secuencias genéticas de forma estable y segura. El avance, publicado en la revista científica Molecular Therapy Oncology, permitiría insertar múltiples genes terapéuticos sin perder eficacia, favoreciendo así el diseño de vectores virales óptimos para estrategias de vacunación o terapia antitumoral. La investigación, que ha sido posible gracias al apoyo de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC), permitirá impulsar el diseño de una nueva generación de tratamientos contra el cáncer que combinen diversas estrategias en un solo vector.

Desde hace tiempo, la modificación genética de virus se utiliza como estrategia para tratar y prevenir diferentes tipos de enfermedades. En concreto, consiste en aprovechar ciertas características de los virus que los convierten en herramientas indicadas para hacer vacunas, o para reconocer y atacar células específicas (por ejemplo, las tumorales). Esto exige disponer de espacio dentro del genoma de los virus para cargar las herramientas genéticas necesarias sin comprometer la supervivencia del virus o afectar a las capacidades que se quieren aprovechar. Puesto que el genoma viral es muy compacto, poder modificarlo genéticamente de forma eficaz es todo un reto de ingeniera genética.

«Gracias a la identificación de nuevos puntos de inserción, podremos diseñar virus armados con más herramientas contra el cáncer: es decir, que no solo destruyan selectivamente las células tumorales, sino que también puedan atacar el tumor por distintos frentes y reactivar el sistema inmunitario del paciente para que ayude en la eliminación del tumor», explica el profesor Juan José Rojas, de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la UB e investigador principal del grupo de Inmunidad, Inflamación y Cáncer del IDIBELL. «Se trata de poder diseñar un caballo de Troya con espacio suficiente para llevar todas las armas que se necesitan contra el cáncer».

Más allá del cáncer, el descubrimiento tiene otras aplicaciones clínicas de gran valor. «Básicamente, lo que hemos conseguido es encontrar más espacio en el que cargar información genética útil, y esto es aplicable tanto en cáncer como en diseño de vacunas, ya que este virus también se utiliza como vector de vacunación», detalla el profesor Rojas.

Imagen: De izquierda a derecha: Ana del Cañizo, doctoranda; Maria Goñi, estudiante de Trabajo Final de Grado; Carmen Bueno, doctoranda y primera autora del artículo; Juan José Rojas, investigador principal del proyecto; Maria Barcia, doctoranda; Miquel Conesa, doctorando, e Ignacio Sallent, investigador posdoctoral.

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