Los sistemas sanitarios de todo el mundo vivieron durante la pandemia de la COVID-19 una situación sin precedentes. El aumento repentino de ingresos, especialmente en las unidades de cuidados intensivos, y la necesidad de adaptar espacios y protocolos comportaron una transformación profunda en la forma de trabajar en los hospitales. Esto se tradujo en un incremento de las infecciones asociadas a dispositivos médicos invasivos —como catéteres o ventiladores— y en uno uso más intensivo de algunos antibióticos. Este nuevo escenario pudo alterar la epidemiología de diversas enfermedades bacterianas, entre ellas las causadas por Staphylococcus aureus, uno de los patógenos más relevantes en el ámbito hospitalario y uno de los principales responsables de infecciones sanguíneas graves en todo el mundo.

Un estudio internacional coliderado por el Instituto de Investigación e Innovación Parc Taulí (I3PT) ha analizado cómo esta bacteria evolucionó antes, durante y después de la pandemia. La investigación compara aislados clínicos de Staphylococcus aureus de dos hospitales -el Parque Taulí y el Dartmouth-Hitchcock Medical Center (Estados Unidos)- recogidos entre 2014 y 2022, con el objetivo de identificar cambios genéticos asociados a los mecanismos de resistencia y virulencia.

Un patógeno frecuente, con un gran impacto clínico

Staphylococcus aureus es una de las bacterias más peligrosas que existen. Cuando entra en el torrente sanguíneo, provoca una infección llamada bacteriemia, una complicación grave que tiene una mortalidad asociada de entre el 15 y el 30% de los pacientes que la padecen y que causa aproximadamente 300.000 muertes al año en todo el mundo.

El equipo investigador ha analizado las secuencias genómicas de un total de 1.144 aislados de Staphylococcus aureus de pacientes con bacteriemia, clasificadas en tres etapas: antes de la pandemia, durante y después. Los resultados, publicados en la revista mBio de la American Society for Microbiology, muestran que los principales linajes se mantuvieron estables a lo largo del tiempo, incluso en un escenario tan excepcional como el de la pandemia. En cambio, sí se detectaron alteraciones en linajes menos frecuentes, así como en los genes asociados a la resistencia a los antibióticos ya los factores de virulencia de la bacteria, con diferencias entre hospitales y períodos.

“Estos cambios sugieren que algunos factores locales relacionados con la pandemia, los cambios en la secuencia de trabajo o el uso de los antibióticos, pueden haber influido en las características genéticas de la bacteria”, Explica Miquel Sánchez-Osuna, investigador del grupo de estudio de las infecciones comunitarias y relacionadas con la atención sanitaria del I3PT y uno de los autores principales del estudio.

En el caso del Parc Taulí, durante los primeros meses de la pandemia, se observó un aumento de algunos genes asociados a la resistencia de ciertos antibióticos, coincidiendo con un mayor uso de estos fármacos para tratar casos graves de COVID-19 en un contexto marcado por la incertidumbre terapéutica. Sin embargo, esta tendencia no se consolidó con el tiempo. Los datos indican que muchos de estos cambios fueron transitorios y probablemente vinculados a prácticas clínicas puntuales. En el Dartmouth-Hitchcock Medical Center, donde no se hizo un uso intensivo de este fármaco, se observaron patrones distintos, lo que refuerza la idea de que el contexto local juega un papel determinante.

Donde sí se han identificado cambios más sostenidos es en los factores de virulencia de la bacteria, es decir, en los mecanismos que le permiten causar infección. El estudio describe un aumento de genes relacionados con la capacidad de agregación y adhesión a componentes de la sangre, como el fibrinógeno, tanto durante como después de la pandemia.

Esta adaptación podría estar relacionada con los cambios fisiológicos asociados a la infección por SARS-CoV-2: “Todo apunta que la bacteria ha seleccionado mecanismos que le permiten persistir mejor en el organismo de estos pacientes y en el ámbito hospitalario”, señala Oriol Gasch, médico infectólogo del Parc Taulí y cocap del grupo de estudio de las infecciones comunitarias y relacionadas con la atención sanitaria del I3PT.

La importancia de la vigilancia genómica

El equipo investigador considera que estos resultados ponen de manifiesto hasta qué punto eventos globales pueden influir en la evolución de los patógenos.

Más allá del caso concreto de Staphylococcus aureus, el estudio subraya la importancia de mantener una vigilancia genómica continuada. "Necesitamos seguir monitorizando estos cambios genéticos para entender si tienen consecuencias clínicas o epidemiológicas a largo plazo y para anticipar posibles escenarios futuros", concluye Òscar Quijada, cocap del grupo de investigación e impulsor del estudio.

Referencia del estudio: Sánchez-Osuna M, Buiatte ABG, Wang R, Gasch O, Martin IW, Andam CP, Pich OQ.0.mGem: Población genómica de Staphylococcus aureus bacteremia y el impacto de la COVID-19 pandémico. mBio0:e03665-25.https://doi.org/10.1128/mbio.03665-25

Imagen: Staphylococcus aureus. FUENTE: CNIO

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