Licenciado en Farmacia por la Universidad de Barcelona (UB) y en Bioquímica por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), Jordi Naval (Barcelona, 1969) ha cofundado seis empresas: Infociencia, Anaxomics, Enemce Pharma, Genocosmetics, HIV-Therapeutics y Aelix Therapeutics, una spin-off surgida del consorcio Hivacat que ha acaba de cerrar una ronda de financiación de 11,5 millones de euros para impulsar el desarrollo de la primera vacuna capaz de curar la infección por VIH. Naval preside también la Fundación Escuela Emprendedores desde el año 2010.

Ahora, al frente del FBG, y desde su sede en el Parc Científic de Barcelona (PCB), se propone “sacudir el ecosistema innovador” para que la abundante producción científica y tecnológica de las universidades y centros de investigación catalanes se transforme en “riqueza y beneficios para la sociedad”.

– En primer lugar, nos gustaría saber cúal ha sido su primera impresión como nuevo director de la Fundación Bosch i Gimpera...

Las personas. Me he encontrado con un fantástico equipo de profesionales comprometidos, con mucho talento y un know-how importante.

– ¿Cómo valora el balance de los más de 30 años de trayectoria de la FBG?

Somos un referente en el Estado español en transferencia tecnológica. De los 10 proyectos gestionados por un importe de 480.000 euros en 1984, a los 620 por un importe de 28,5 millones de euros del año 2015, hay todo un trabajo de muchos profesionales y directivos de la FBG, con una estrategia clara por parte de la Universidad de Barcelona.

De todos modos, la UB (de forma similar al resto de universidades catalanas) todavía tiene mucho potencial para explorar en términos de transferencia e innovación. Si tomamos como punto de partida que estamos en el Top-10 en cualquier indicador de la calidad y excelencia de la investigación, tenemos que reconocer que los indicadores de impacto e innovación (patentes, licencias y spin-off) todavía admiten un recorrido al alza si nos comparamos con otras universidades del entorno europeo.

– Partiendo de este contexto, ¿Qué retos se marca, al frente de la entidad, a corto y medio plazo?

La FBG tiene que ser un dinamizador del ecosistema innovador que provoque choques e interacciones entre los diferentes agentes para acelerar el impacto de la innovación en la sociedad y nosotros, desde la Fundación Bosch i Gimpera, tenemos que hacer de catalizadores profesionales de estas interacciones.

Queremos incentivar el clima de confianza entre los investigadores y el tejido productivo; de este modo la investigación tendrá más incidencia social. El objetivo, en general, es "sacudir" el ecosistema; queremos hacer interaccionar a los investigadores y grupos de investigación –que tienen un potencial enorme– con nosotros y también con emprendedores científicos que hablan un lenguaje similar, con inversores, con posibles compradores de aquellas tecnologías y con empresas. Estaremos presentes en esta interacción y haremos de traductores.

– Aunque han sido pocos los meses transcurridos desde su nombramiento...¿Ha puesto ya en marcha algún nuevo proyecto que le gustaría destacar?

Por un lado, con la charity inglesa Medical Research Council Technology (MRCt), hemos puesto en marcha el programa Call for targets, que ofrece a investigadores de la UB y el IRB Barcelona colaborar a riesgo en el desarrollo de pequeñas moléculas o anticuerpos monoclonales contra dianas terapéuticas.

Por otro lado, también hemos puesto en marcha el Health & Bio Team Dating, un innovador encuentro anual que pone en contacto ciencia y negocios con el objetivo de crear nuevos proyectos empresariales en formato de citas rápidas o speed dating. Esta iniciativa, pionera en Cataluña, reunió el pasado 3 de diciembre unos sesenta investigadores y CEOs con el objetivo de poner en contacto la realidad de los investigadores y los emprendedores para un fin común: crear nuevas empresas de salud.

– El FBG desarrolla el que se denomina tercera misión de la Universidad: conseguir que las capacidades científico-técnicas y los resultados de la investigación generados al ámbito académico lleguen al mercado. ¿Cómo valora la capacidad, en términos de transferencia de conocimiento, de la UB?

En cuanto a las actividades de transferencia de conocimiento, que comprenden la creación de spin-off, patentes, acuerdos con empresas y actividades de los parques científicos, según datos de la LERU, la Liga Europea de Universidades de Investigación, la Universidad de Barcelona generó una aportación de 205 millones de euros al Valor Añadido Bruto (VAB) catalán y 5.119 puestos de trabajo; 270 al VAB español, y 6.590 puestos de trabajo; y 338 al VAB europeo y 8.250 puestos de trabajo. Estos indicadores demuestran que la UB es un pilar fundamental del tejido económico catalán y español. Además, por cada euro que recibe, la Universidad de Barcelona genera 4,97 euros a la economía europea.

La UB y el sistema público de educación superior están obteniendo resultados excepcionales en cuanto a calidad de la investigación. Por lo tanto, el punto de partida es potente. En cambio, a los resultados en indicadores de innovación y transferencia les queda todavía mucho recorrido de mejora. Si miramos al futuro, esto nos permite ser optimistas y esperar un crecimiento de la transferencia y la innovación, no sólo en impacto económico, sino también en impacto social.

– La generación de nuevas empresas y de patentes son dos de los indicadores más empleados para evaluar el statu quo de la transferencia de conocimiento y tecnología de la universidad a la empresa, y de ésta a la sociedad. ¿Cómo se tienen que interpretar estos indicadores en la UB?

El indicador de patentes en la Universidad de Barcelona se encuentra en un orden de magnitud parecido a otras universidades generalistas españolas. En los últimos años ha habido un ligero descenso, reflejo de la situación de crisis económica, especialmente en las administraciones públicas que han reducido su acción en el fomento de la I+D en universidades. Esto ha provocado que también se hayan realizado esfuerzos para transferir en otros ámbitos de protección diferentes a la propiedad industrial.

De todos modos, hay que considerar el número total de patentes sólo como una aproximación al nivel de innovación. Más que el número, lo que hay que ver es la calidad de estas patentes y su posible valor comercial e industrial. Presentar una patente tiene un coste y, en general, vale más centrarse en la calidad que en la cantidad.

Respecto a los indicadores de creación de empresas en una universidad generalista –y no politécnica, como es la UB– son parecidos a otras universidades españolas o internacionales. En los últimos años, debido a la situación económica de incertidumbre, se ha mantenido bajo, a pesar de que este año 2015 ya se ha detectado una ligera recuperación. Igual que en el caso de las patentes, lo que es relevante no es el número total de spin-off, sino su potencial de crecimiento: si el equipo de gestión está equilibrado, si son capaces de atraer inversión cuando se necesite, y si su potencial económico y social es grande.

– ¿Cómo están funcionando las spin-off de la UB?

El nivel de 'mortalidad' de las empresas surgidas del entorno UB está por debajo de la media en estos casos, atendiendo al elevado riesgo tecnológico intrínseco al propio proyecto, aparte del riesgo comercial existente en cualquier aventura empresarial. Sí es cierto que supervivencia no es exactamente igual a éxito y que las empresas de éxito son todavía pocas. Todas ellas, coinciden, sin embargo, en haber reconocido una oportunidad, contar con el compromiso del emprendedor y disponer de la credibilidad y sostenibilidad de su proyecto.

– En cuanto a licencias y patentes... ¿Cómo se promueve desde la Bosch i Gimpera la propiedad industrial e intelectual de los resultados de la investigación generada en el Grupo UB?

La FBG está impulsando varias actividades para promover la transferencia dentro de la comunidad UB: jornadas de difusión de la actividad de protección y transferencia de los resultados, reuniones individualizadas con investigadores o grupos de investigación, clases en las facultades a estudiantes de grado, máster o posgrado, formación in-house de becarios, colaboración con agentes del sistema para acercar el tejido industrial a investigadores, asesoramiento y preparación de ayudas por el fomento de la PII.

– Informes recientes ponen de manifiesto que Cataluña cuenta con una producción científica y tecnológica abundante y de calidad. Pero parece que la transferencia de este conocimiento al entorno productivo sigue siendo una ‘asignatura pendiente’ en el Sistema Catalán de Innovación....

Todo esto, hoy por hoy, desgraciadamente es así. En cuanto a producción científica y eficiencia las universidades y centros públicos catalanes ocupan posiciones muy destacadas, tal y cómo revela el último informe de la ACUP y como lo han hecho los informes anteriores. Un buen ejemplo de esto es que el impacto de las publicaciones de las universidades públicas catalanas es un 33% superior a la media mundial.

Aun así, los datos referentes a la transferencia de conocimiento no registran la misma tendencia positiva. La riqueza generada por la investigación es mucho más baja de lo que nos toca.

Por ejemplo, la Universidad de Leuven en Bélgica tiene una facturación anual de 88 millones de euros en licencias y patentes, mientras que, según el informe de la ACUP 2015, la facturación total en Cataluña es de sólo 0,5 millones de euros. Al margen de que los indicadores sean completamente comparables, lo que está claro es que hay un potencial de crecimiento enorme en Cataluña, y en la UB en particular.

– ¿Cuál es, en su opinión, el principal cuello de botella?

Esta pregunta tiene una respuesta difícil. Creo que tanto investigadores como empresas tendrían que ampliar su campo de visión, y preguntarse hacia dónde van.

Muchos investigadores quieren que su investigación llegue a las personas, a veces en forma de nuevos medicamentos, o bien solucionando problemas tecnológicos o de los consumidores. La pregunta es: una vez demostrado que la investigación funciona... ¿Cómo puedo hacer llegar mi producto al mercado? Cómo puedo beneficiar a la sociedad? Muchas veces se tendría que considerar que la mejor forma de hacerlo es a través de una empresa ya existente, o bien participando en la creación de una nueva.

A la inversa, las empresas que necesitan innovar para crecer quizás tendrían que estar más abiertas a imaginar cómo la excelente investigación universitaria puede transformarse en propuestas de valor para ellas. Para conseguirlo tienen que acercarse sin miedo a los investigadores y ayudarlos a poner en valor su investigación.

En definitiva, el cuello de botella es el desconocimiento mutuo, la desconfianza, la carencia de vocabulario común y la falta de espacios de colaboración constructiva. Estos espacios no hace falta que sean físicos, sinó que pueden ser seminarios, acontecimientos de partnering, jornadas informativas, programas de mentoring por parte de emprendedores o científicos con experiencia, sesiones de retos, etc, toda una serie de actividades de dinamización que queremos llevar a cabo desde la FBG.

Y evidentemente, hace falta también la tercera pata que es el acceso en el capital y a la financiación, tanto público como privado, pero, en sentido estricto, no creo que sea un factor limitante del crecimiento de la innovación.

– ¿Qué sería necesario para cambiar este situación?

En primer lugar, hay que incentivar ambas partes de la interacción. Por un lado, estimular la oferta (investigación universitaria transferible), y por la otra la demanda (empresas que puedan absorber la innovación). Por sí sola, la investigación difícilmente llegará al mercado y creará riqueza, pero también es cierto qu las empresas catalanas (la mayoría pymes) tendrán dificultades para innovar sin apoyos de algún tipo. Se tiene que tener siempre en mente una balanza equilibrada y una conexión constante de los principales actores del sistema.

Hay que ser conscientes que no cambiaremos la situación en dos días. Hacen falta años y paciencia, pero es necesario una determinación muy clara de hacia donde queremos ir. Es una estrategia a largo plazo, pero la sociedad merece que el esfuerzo y los excelentes resultados en investigación se transformen también en riqueza y beneficios para las personas.

Imagen: Jordi Naval (Foto: Fundación Bosch i Gimpera).

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