Por Ana Macpherson / La Vanguardia

Nosotros hemos hecho posible que nuestro hospital sea como es; nos hemos dado, con nuestro dinero, becas para estudiar durante meses en otro país y nos hemos exigido aportar al hospital todo lo aprendido. Cada día tomamos decisiones de mucho peso. Somos profesionales altamente formados. ¿Cómo se pueden adoptar medidas sobre nuestro futuro sin contar con nosotros, sin consultarnos?". La reflexión es del presidente del comité de delegados médicos del hospital Clínic, Rafael Molina, y tiene mucho que ver con una orden de la gerencia del verano pasado de enviar a una veintena de sus médicos a otro hospital, el Sagrat Cor, a operar a pacientes del Clínic traspasados allí. Y que quedó parada por la oposición de ese organismo representativo.

Pero sirve como punto de partida y ejemplo de un movimiento en alza, de largo recorrido en el Clínic y en crecimiento en todos los grandes hospitales públicos, incluso aquellos en los que la estructura parece más rígida, como los del Institut Català de la Salut. "Queremos participar y corresponsabilizarnos".

En el Clínic se ha ido un paso más allá: también la enfermería (que engloba enfermeras, fisioterapeutas, nutricionistas o trabajadores sociales) tiene órganos de participación semejantes a los de los médicos y un plan para implicarse mucho más. Y ambos cuerpos profesionales estarán en el consejo de gobierno de la nueva estructura jurídica que se prepara en este hospital: el consorcio formado por la Generalitat, la Universitat de Barcelona y los profesionales, que representan "el conocimiento", según el mandato del Parlament. Con su propio NIF.

Para empezar, han puesto nuevas normas para ser director médico del hospital. Por ejemplo, que tenga dedicación exclusiva y haga declaración de conflicto de intereses (este nuevo reglamento provocó el cese del anterior director, Josep Brugada). La norma también se exige ahora a todos los cargos que dirigen áreas asistenciales (institutos) y tienen responsabilidades sobre el presupuesto. No podrán, por ejemplo, ejercer en una privada que sea competencia directa del hospital.

El comité de delegados, 42 facultativos elegidos en proporción al personal médico de los distintos institutos, es el órgano asesor de la dirección y la herramienta más eficaz de participación. Tiene representantes en todas las comisiones existentes y actúa en la elección de mandos, en las comisiones de infecciones, de mortalidad o en la de investigación, en la evaluación de la tarea realizada por los diferentes cargos, incluso pueden intervenir para desnombrarlos si la labor no se considera correcta. Su principal arma, la minoría de bloqueo. Son menos que los directivos que forman la comisión, pero se necesita al menos uno de sus votos para aprobar cada decisión, "lo que obliga a que lo hablemos y lleguemos a acuerdos", recuerda Rafael Molina.

El hospital de Sant Pau se ha dado también un nuevo reglamento en el que el consejo del cuerpo facultativo -"un órgano existente desde hace 200 años", explica Jordi Craven, presidente saliente del consejo- será más democrático y de mayor peso en las decisiones. "No queremos capacidad ejecutiva, sino que se oiga nuestra voz. Y por eso la elección del director médico ahora será conjunta, por consenso de estos siete representantes elegidos por los 540 facultativos del hospital y la gerencia", explica Craven. También el nuevo reglamento establece que para ser miembro de ese consejo no hará falta tener un cargo. El consenso también deberá ejercerse en decisiones sobre docencia, calidad asistencial, investigación, credenciales y en el plan estratégico del hospital.

En el hospital del Mar se avanza en un modelo más parecido al del Clínic, "aunque ahora es un grupo de profesionales muy reducido el que influye en la dirección", reconoce el presidente del comité de empresa, el doctor Josep Maria Puig. Todavía con estructuras de "democracia orgánica", el cuerpo facultativo del hospital está en movimiento y "la representatividad, como en la calle, se está cuestionando".

Los hospitales del ICS tienen una estructura más rígida y vertical, pero también hay cambios notables de participación, como en el consorcio de Lleida, que agrupará a los hospitales Arnau de Vilanova, Santa Maria y el del Pallars, más toda la asistencia primaria, la salud mental y equipos sociosanitarios. "En el borrador de sus estatutos hay un consejo clínico asesor al órgano de gobierno, más allá de las gerencias de cada centro. Asesorará a la propiedad", explica Jaume Capdevila, gerente territorial del ICS en Lleida. "Será un órgano consultivo con diez o veinte profesionales electos de todos los ámbitos que componen el consorcio". Las competencias "se irán atribuyendo, pero, de momento, estará en los estatutos. Es un paso importante de participación de los 4.000 profesionales que integrarán el consorcio".

Otras propuestas se vuelcan más en recoger ideas de los profesionales que en compartir las decisiones. En Girona, donde se gesta también una fusión de la sanidad pública, "la participación ya está en marcha a través de los ocho grupos que han diseñado el plan estratégico y en los que están todos los estamentos, no sólo médicos", apunta su director, Vicente Martínez Ibáñez.

Foto: ÀLEX GARCIA

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