La Sociedad Española de Oncología Médica (Seom) estima que uno de cada tres españoles tendrá cáncer. Una cifra “preocupante” que, asegura la Seom, puede disminuir con “educación”. En concreto, uno de cada tres hombres y una de cada cuatro mujeres serán diagnosticados de cáncer a lo largo de su vida. Aproximadamente el 40% de los cánceres se podrían evitar. En este escenario y con una clara vocación por la transferencia del conocimiento de la universidad a la sociedad, Teresa Valdés, doctora en Biología Celular, ha dado el paso del laboratorio a la empresa, pasando por el Programa de Mentores de la Càtedra de Cultura Empresarial.

¿Qué es Bemygene?

Bemygene es la primera empresa en España especializada en prevención del cáncer y asesoramiento genético. La novedad que aportamos es que somos una compañía centrada en captar y ofrecer los avances tecnológicos y científicos que se están produciendo en todo el mundo y traerlos a España. Queremos poner a disposición de nuestros clientes la vanguardia de la investigación sobre el cáncer. Se hace mucho hincapié en métodos como la biopsia líquida, el análisis de los tumores, la farmacogenética, pero lo más importante es anticiparse a través de la predisposición hereditaria y la detección precoz. Nuestra misión es la educación de la población sobre el cáncer y ofrecer un servicio de detección precoz.

¿Y cómo se traduce esa misión en el trabajo de Bemygene?

Somos un punto de encuentro, de contacto y de atención para cualquier persona que tenga dudas acerca del cáncer. Ofrecemos una atención global, desde la primera duda, sospecha o necesidad de información. Somos una empresa de prevención y asesoramiento sobre el cáncer. A cualquier persona que tenga dudas acerca del cáncer la llevamos de la mano hasta resolver su situación y saber si se tiene que preocupar o no, si tiene que hacer un estudio de detección precoz, de predisposición hereditaria. Existe preocupación social en torno al cáncer y queremos darle un enfoque global, paso a paso, desde todos los prismas.

¿Cómo surgió la idea de Bemygene?

El proyecto surgió de la mano de Manuel Pérez-Alonso, patrono de la Càtedra, mentor y emprendedor científico, entre otras muchas cosas. Me invitó al I Congreso de Científicos Emprendedores en el año 2012. Yo siempre he tenido mucho interés en hacer transferencia de conocimiento y creo que no tiene que ser siempre, ni necesariamente, a través de la creación de un producto propio, de nueva tecnología. También puede hacerse a través del conocimiento de los propios emprendedores que siguen el rastro de todo aquello que está a punto de terminarse en investigación y que puede ofrecerse a los pacientes.

¿En qué momento se encuentra la empresa?

Estamos empezando a coger velocidad, que es una fase muy importante. A mí me gusta sentar muy bien las bases. La filosofía de Bemygene es hacer las cosas muy bien hechas y distinguirnos de, por ejemplo, los laboratorios clínicos. Nuestro servicio es muy especializado. Estamos estableciendo la logísitica, asesorándonos con médicos de la Fundación IVO y con otras instituciones, contactando con empresas norteamericanas, vendiendo nuestro producto. En definitiva, acelerando sobre una base muy firme.

¿Qué te está aportando la participación en el programa Mentores?

El Programa de Mentores de la Càtedra es magnífico. No encuentro otro calificativo. Lo que más me gusta es la entrega y la neutralidad de los mentores. La entrega porque, con su experiencia, abarcas todas las áreas del negocio. Eso, para una persona como yo que podríamos decir que soy una ‘ratita de laboratorio’, es fundamental para completar mi formación porque vas resolviendo problemas y dudas de manera práctica y con la tranquilidad de que el consejo que te van a dar es un consejo no sesgado sino altruista. A eso me refiero con la neutralidad.

¿Qué tiene de peculiar emprender en el mundo de la ciencia?

Es fundamental. Yo siempre he pensado que el conocimiento tiene que ser transferido, que no se puede quedar en un ámbito especializado, elitista, en esa torre de marfil con la que se suele identificar a los científicos. Hay que transferir el conocimiento a la empresa, a la sociedad. Me da igual el modelo, el de Bemygene que podríamos definir como norteamericano o el clásico de las spin off. Si estás en el sector biomédico tienes que investigar para que un producto o servicio llegue al paciente. Eso siempre lo he llevado dentro.

Existe cierto clima de opinión crítico acerca del científico, del investigador que da el paso a la empresa. ¿Lo has percibido?

Yo me he criado como investigadora en un laboratorio de muy alto nivel y es cierto que no está muy bien visto. Pero creo que es cuestión de tiempo. Hay una nueva generación de estudiantes que tienen claro que emprender en ciencia no es sólo una salida profesional, sino una manera de crear riqueza, de generar ingresos y crear puestos de trabajo, de transferir conocimiento y facilitar el uso, la aplicación y la explotación del conocimiento y las capacidades en I+D.

La crisis ha afectado a la inversión en ciencia en general y a los jóvenes investigadores en particular. ¿Te sientes, de alguna manera, doblemente afectada por esta coyuntura?

La verdad es que la falta de apoyo económico a la ciencia no ha influido en mi decisión de emprender. Cuando terminé mi fase investigadora, en aquel congreso de Emprendedores Científicos, me sentía aún un poco inmadura para dar el salto. Necesitaba husmear, conocer muy bien el mundo empresarial pero era algo que tenía muy claro que quería hacer. Pero sí, es cierto que, por desgracia, la ciencia ha atravesado malos tiempos.

Mujer, científica y emprendedora. ¿Qué puedes destacar de esta triple condición?

Bueno, es mi condición natural. Pero puedo decir que no he sufrido discriminación por ser mujer en este mundo, aunque sé que existe. Todavía no se ha producido un cambio mental tan profundo para que no le afecte a ninguna mujer. En este mundo parece que todos los investigadores son hombres, pero realmente en los laboratorios y en las facultades hay más mujeres que hombres. Es cierto que la mujer en la ciencia sufre la invisibilidad de otros sectores. Pero creo que también es cuestión de actitud: si tú no te sientes diferente no te tratan diferente.

¿Qué es lo mejor y lo peor de emprender?

Para mí lo mejor es la sensación personal de continuo aprendizaje, de trabajar en equipo, de estar construyendo algo útil, algo en lo que crees. Lo peor, la inseguridad al dar los primeros pasos en temas como, por ejemplo, la constitución de la sociedad, que es algo muy importante. También destacaría la falta de apoyo económico por parte de las administraciones públicas. Hay muchas ideas brillantes que se quedan por el camino por esa falta de apoyo.

En cinco años ¿cómo ves a Bemygene?

Si todo sigue como hasta ahora la veo como una empresa consolidada y de referencia nacional. Porque la trayectoria va muy bien. La verdad es que no puedo verlo de otra manera. En ese plazo, además, me gustaría ver cómo Valencia se convierte en referencia por actividades como el programa de Mentores y por avances en la investigación biomédica y en el ecosistema emprendedor en el ámbito de la salud.

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