Por Ramon Aymerich / La Vanguardia

Barcelona cuenta con uno de los entornos sanitarios más ricos y más competitivos de Europa. Hospitales de referencia, grandes universidades, grupos farmacéuticos de larga implantación y potentes infraestructuras en investigación a los que en los últimos años se ha sumado un pequeño, pero dinámico, grupo de empresas biotecnológicas. Ese entorno, en especial el hospitalario, genera una montaña ingente de datos de gran valor para disciplinas como la gestión sanitaria, la industria alimentaria , la farmacéutica y la ambiental. Sin embargo, la explotación de esos datos se encuentra todavía en una fase incipiente.

"La realidad es que nos faltan bioinformáticos, falta gente que sepa trabajar con ambas disciplinas, profesionales que cuenten con buenos conocimientos en informática y que al mismo tiempo, sepan adaptarlos a la biología -explica Ana Ripoll, vicerectora de la UAB, física de formación y catedrática de arquitectura de los computadores-. No hay manera de que biólogos e informáticos crucen y compartan esa información".

El 'big data', la acumulación y análisis de bases de datos a gran escala, se ha convertido en uno de los fenómenos económicos de la última década. "Saber explotar toda esa información es básico. Son millones y millones de datos obtenidos, la mayor parte de ellos en el sistema hospitalario, a través del trato con los pacientes, análisis, resonancias... Todo eso tiene un alto potencial para conseguir una medicina más personalizada" añade Ripoll, que no obstante, lamenta que "los escasos profesionales con los que cuenta ahora Barcelona para realizar estas tareas, o bien es gente autodidacta, o bien se ha formado en el exterior. No hay ningún problema en eso, pero o bien abordamos la formación de profesionales de manera reglada, o nos vamos a quedar atrás".

Ana Ripoll está al frente el proyecto Bioinformatics Barcelona, (BIB) que pretende consolidar esta área del conocimiento, y para lo cual ha contactado con el tejido empresarial, institucional y asociativo que se mueve alrededor de esas áreas. El objetivo final es suministrar a las empresas el personal necesario para realizar esas tareas y consolidar Barcelona como una de las áreas señeras en estas materias. "Médicos y biólogos han llegado a un límite de capacidad para gestionar ese aluvión de datos. Es ahí donde entran los informáticos. La prioridad, ahora, es formarlos".

El BIB, que tiene su sede en la Fundació Catalana per a la Recerca, pero que trabaja también desde el Barcelona Supercomputing Center (en el edificio Nexus II), dio sus primeros pasos en el mes de enero del 2013. Ahora mismo agrupa a 40 entidades, entre universidades (10), centros de investigación y hospitales (13), grandes infraestructuras científicas (tres), una docena de empresas y otras seis instituciones. El proyecto cuenta con el apoyo de la Obra Social de La Caixa y de la Generalitat de Catalunya.

La primera iniciativa surgida del BIB ha sido el diseño de un curso de dos años de Formación Profesional destinado a formar informáticos adaptados a la biología. La conselleria d'Ensenyament ya está a la búsqueda de los centros que deberán impartir esta materia, prevista para el curso 2015-2016. El BIB también ha creado un grupo de asesores que definido el plan de estudios del que será el primer grado universitario de bioinformática en todo el Estado. Esto es, tres años de duración en materias impartidas exclusivamente en inglés. Está previsto que las primeras clases se inicien en el curso 2016-2017. Ya han manifestado su voluntad de impartir ese grado la Universitat Pompeu Fabra (UPF), la Universitat de Barcelona (UB) y la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC).

En paralelo, el BIB está creando una plataforma de referencia internacional en la que empresas, el mundo sanitario y el académico colaboren y encuentren las herramientas necesarias para desarrollar las actividades relacionadas con la bioinformática. El BIB, que tiene como director científico a Ferran Sanz, se financia actualmente a través de la Obra Social de La Caixa. El objetivo es que en el futuro se financie con las cuotas de sus miembros (la creciente dificultad para acceder a fondos públicos es una de las amenazas a este tipo de proyectos). El BIB trabaja estos días en su constitución jurídica, prevista para finales de este mes de mayo.

Un entorno frágil

El actual ecosistema sanitario catalán ­en el que conviven grandes hospita­les, universidades y centros de investi­gación­ es fruto en parte de una política diseñada en la década de los 90 que detectó el potencial futuro del sector. Pero el contexto en el que se diseñó aquella estrategia se ha trans­formado radicalmente. En aquellos años el sector público se implicó en la creación ­y en algunos casos la finan­ciación­ de algunas de las actuales infraestructuras científicas. Pero la llegada de la crisis financiera obligó a replantear toda aquella política. El recorte de las inversiones por parte de una administración autonómica forzó a acelerar la sustitución de aquel apoyo financiero público por el del sector privado. Pero esa transición no se ha producido. En buena parte porque pese a la existencia de un tejido industrial de mediana empresa, Barcelona carece de sedes centrales de I+D de grandes multinacionales del ámbito bio (percibida por ahora por el propio BIB como una de las debilida­des de la plaza barcelonesa). La alternativa, practicada por muchas instituciones, y también por las em­presas, ha sido la buscar esa financia­ción mediante la captación de ayudas comunitarias a la investigación. Pero ese modelo tiene sus limitaciones, en especial para acometer proyectos de gran envergadura.

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