El inmunólogo Mario Mellado, director del Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC), lleva en el cargo casi tanto tiempo como el SARS-CoV-2 con nosotros. Él se considera “un tipo positivo” y confía en que podamos acabar con la situación actual. Mellado pone su propio grano de arena al frente de un centro que se ha convertido en referente en la investigación por y para la pandemia. Mientras, continúa con sus propios proyectos científicos centrados en el sistema inmune.

“Procuro organizarme para dedicar atención también al laboratorio. Pero sin mi colega José Miguel Rodríguez Frade y sin la responsabilidad de los investigadores posdoctorales, el trabajo no sería posible. Porque el CNB requiere mucho esfuerzo”, comenta.

Razón no le falta. El trabajo de Mellado implica dirigir una institución con una plantilla de 600 personas donde, durante los dos últimos años, la investigación sobre el SARS-CoV-2 tiene captada gran parte de la atención mediática y social. La ansiada vacuna esterilizante que evitará la infección por el nuevo coronavirus se cocina en los laboratorios del centro. Junto con ella, una plataforma de cribado busca compuestos antivirales, mientras otros grupos andan a la caza de anticuerpos monoclonales terapéuticos que eviten los síntomas graves de la covid-19.

Pregunta: A los dos meses de empezar como director, lo hizo la pandemia, y así hasta ahora. ¿Qué tal van las fuerzas?

Respuesta: Me encuentro bien y estoy muy orgulloso de la época que me ha tocado vivir en el CNB, así como de la actividad que se ha hecho durante estos dos años. La pandemia está siendo algo tremendo desde el punto de vista social. Desde punto de vista científico, y solamente científico, ha sido toda una oportunidad. Creo que los investigadores estamos siempre esperando oportunidades como esta, que supongan poder aportar algo de valor a la sociedad. El trabajo que el CNB está haciendo se está llevando a cabo con muchísima ilusión y con un esfuerzo enorme por parte de los investigadores. Es verdad que es un centro tremendamente grande, así que resulta estresante muchas veces. Pero también es gratificante saber que el trabajo realizado es útil y sale adelante. Así que estoy contento y de momento con fuerzas.

P: ¿Qué le pasa por la cabeza ante una nueva ola como la actual?

R: Los sentimientos son muchos y están mezclados. Por un lado, uno piensa: “se veía venir”. No sé si ha servido realmente lo que hemos ido diciendo durante estos años o si los mensajes han sido del todo claros. Porque las vacunas son muy importantes y han resuelto mucho pero no son la solución final. Hay que mantener otras medidas que también ayudan como las mascarillas. Las nuevas olas van a seguir llegando y hay que estar preparado. Pero, caray, a uno se le viene también a la cabeza la idea de “vuelta a empezar”. Sin embargo, hemos recorrido mucho camino. Contar con un 90% de población vacunada es un logro inmenso. Y la vacunación está claro que funciona, si bien no para bloquear la enfermedad completamente, sí para reducir su gravedad. Pero no hay que bajar la guardia. El problema es que todo esto llega en una sociedad tensionada con sistemas estresados y volver a empezar es difícil.

P: ¿Le preocupa especialmente la variante ómicron?

R: Científicamente hablando, hay que esperar. Ya ha pasado con variantes anteriores que las noticias iniciales llegan demasiado rápido y no siempre con los controles científicos adecuados. Así, uno termina por confundir datos realmente representativos y estadísticamente significativos con datos muy preliminares en base a pocos casos. Aparentemente, ómicron se réplica más rápido. Pero por otro lado también parece que la patología es menos grave. Esto implicaría una atenuación del virus. ¿Preocupado? No sé si la respuesta es estar o no preocupado. Es verdad que cambian otra vez un poco las condiciones y a esta variante probablemente le llegará otra. Pero confío en que realmente podamos con ello. Si los datos definitivos son los que disponemos ahora, parece que es la evolución que se espera de un virus y es posible que el SARS-CoV-2 vaya a coexistir con nosotros. Va a ser así mientras no tengamos vacunas esterilizantes que eviten la transmisión.

P: ¿Qué valoración hace de este 2021 respecto al CNB?

R: Los científicos del centro deben sentirse orgullosos. El CNB se posicionó muy pronto en la carrera contra el virus gracias a la presencia de virólogos de talla internacional. Esto hizo que desde el principio se organizaran varios grupos de trabajo de distintas disciplinas y que nos pusiéramos manos a la obra. Durante este año, estos dos años en realidad, se ha llevado a cabo un esfuerzo inmenso en cuanto a colaboraciones de grupos nacionales e internacionales y el CNB ha estado ahí. El centro ha sido capaz de implementar proyectos realmente relevantes. Las vacunas llevan su ritmo y son tecnologías que requieren tiempo, pero en paralelo se han desarrollado anticuerpos terapéuticos que también están en fases preclínicas. Se ha montado una plataforma de antivirales que está evaluando multitud de compuestos. Se ha hecho un kit de diagnóstico que hemos cedido a la OMS, lo cual es quizá una de las noticias más felices de todo este tiempo. Ha habido también estudios estructurales del SARS-CoV-2. De este proyecto ha salido una página web en la que se incluyen todos los datos de la estructura del virus. Luego están los estudios de población, muy importantes en la pandemia a la hora de prever la evolución del virus en la sociedad ante las medidas que se toman. En definitiva, creo que nos hemos demostrado a nosotros mismos que, siendo tan multidisciplinares, hemos podido abordar un problema común como es la covid-19.

P: Toda esta actividad parece que ha aumentado la popularidad del centro incluso a nivel mundial.

R: Es cierto que los científicos del CNB han hecho también un esfuerzo enorme por dar respuestas a la sociedad cada vez que se les preguntaba. Nuestro departamento de comunicación ha atendido más de 800 entrevistas solamente este año. También se ha contado con la divulgación en redes sociales. Todo esto ha contribuido a que la sociedad española haya mejorado su conocimiento sobre la ciencia. Estoy seguro de que cualquier encuesta que se realice ahora mostrará un aumento del prestigio de la ciencia en España, así como del CSIC y el CNB. Una muestra de ello son las donaciones de empresas y de particulares anónimos que hemos recibido en el centro.

P: ¿Les pillaron por sorpresa estas donaciones?

R: La verdad es que desde el primer momento se pusieron en contacto con nosotros muchas instituciones, empresas privadas, fundaciones… Pero personas anónimas, ayuntamientos y otras organizaciones también quisieron hacer donaciones a proyectos concretos o a la actividad global del centro frente a la covid-19. Esto fue efectivamente toda una sorpresa. Las donaciones se canalizaron desde aquí a través del CSIC. De esa forma, todo ese dinero llegó a los proyectos y ha servido para posicionarnos donde estamos. Ha habido casos fantásticos. Están obviamente las grandes empresas, pero también chavales que nos han dado la paga del fin de semana o ayuntamientos que han cedido el dinero de los presupuestos de las fiestas que no podían celebrar. Para nosotros ha sido absolutamente maravilloso. A esto debes añadir muchas donaciones que han llegado directamente al Consejo. Así pues, el proceso de donación a la actividad científica se ha incrementado extraordinariamente. Esto ha permitido, sin ningún género de dudas, que España haya llegado a estar dónde está en la investigación frente a la pandemia.

P: ¿Esta popularidad ha atraído también el interés de empresas u otros colaboradores?

R: Ha habido muchas empresas, por ejemplo, que han establecido contratos con grupos del CNB para la evaluación de algunos productos como desinfectantes o equipos para eliminar virus de superficies y ambientes. Por otro lado, vacunas y antivirales también han supuesto algo muy importante en este sentido. En relación con los segundos, hicimos una llamada desde el centro a instituciones del país para recibir colecciones de compuestos que pudieran tener quizá una actividad antiviral. La respuesta fue fantástica y eso permitió crear una plataforma de antivirales muy activa que ha analizado más de 14.000 compuestos. Con el resultado de los estudios, que pone en valor los productos, las compañías pueden ahora estar más interesadas en su potencial aplicación. El CSIC en general y la Vicepresidencia Adjunta de Transferencia de Conocimiento (VATC) en particular han hecho una labor excepcional en esta parte al ponerse al frente de la búsqueda de empresas.

P: Cuénteme más sobre el proceso de búsqueda de empresas.

R: La ciencia en general se define como generación de conocimiento. Y uno puede pensar que ese conocimiento básico no tiene valor aplicable. Pero esa es la grandeza de la ciencia. El saber acumulado durante años de trabajo en un sistema concreto permite en un momento determinado como el actual dar una respuesta rápida. Porque no se parte de cero. Pero para que dicha respuesta pueda llegar a la sociedad se requiere de algo más. Hacen falta empresas capaces de trasladar lo que sucede en los laboratorios con un rendimiento tal que permita atender la necesidad social. Y muchas veces la tecnología implicada es complicada y puede dificultar el proceso. Contar con una empresa capaz de implementar cierto nivel de tecnología y que lo haga con un nivel óptimo de producción requiere un esfuerzo inmenso. A todo esto, hay que añadir un suficiente rendimiento económico. Esos son caminos que los laboratorios no conocemos bien y que hemos tenido que ir abordando con las compañías sobre la marcha. Hemos abierto de esta forma las sendas para poder contactar directamente con las empresas, plantearles los problemas concretos y así desarrollarlos. Afortunadamente, se ha llegado a acuerdos y se está trabajando en esa dirección.

P: ¿Podría decirse que han asfaltado el camino que permite de trasladar el conocimiento a la sociedad?

R: Sí, asfaltar el camino es un buen ejemplo. Es verdad que los caminos en algunas ocasiones se habían desarrollado para algún tipo de investigación muy aplicable, por ejemplo, la tecnológica, pero muy poco en el ámbito de la biomedicina. Teníamos el conocimiento básico que nos ha permitido generar prototipos, pero faltaba el paso de llegar a la sociedad. Todo ese camino era un camino virgen y ha habido que crear la ruta para llegar y después asfaltarla bien para recorrerla y desarrollarla sin problemas en el futuro.

P: El CNB inauguró en mayo el criomicroscopio electrónico más avanzado del país, que también ha sido clave para investigar el SARS-CoV-2. ¿Qué papel tienen infraestructuras como esta en la obtención de conocimiento?

R: La ciencia avanza a una velocidad tremenda. Afortunadamente, el desarrollo tecnológico permite evaluar los procesos biológicos de una manera totalmente distinta a como se hacía hasta ahora y, en muchas ocasiones, está cambiando también las formas de interpretar los resultados. Eso implica una carrera tecnológica en la que hay que estar presente, que además es cara económicamente, tanto por los equipos que hay que adquirir como por su mantenimiento. Pero, desde luego, las posibilidades que esos equipos dan al área de conocimiento son inmensas. Con ellos somos capaces de hacer ciencia de mucha más calidad lo que nos abre pasos a grupos internacionales de mayor prestigio. Ello conlleva que nuestras investigaciones resulten más relevantes y que podamos trasladar esos conocimientos de manera más rápida y sencilla cuando sea necesario. Así que el desarrollo tecnológico es absolutamente crítico para para la ciencia de un país. Pero no se trata solo de tener los mejores equipos. La tecnología nueva es extraordinariamente compleja y requiere una gran inversión en personal especializado que deberíamos desarrollar. También considero que las infraestructuras deberían ser comunes a los varios institutos de tal manera que investigadores de distintos centros pueda optar a esa tecnología y al equipo que la implementa.

P: ¿El 2022 será el año de las vacunas del CNB? ¿Y de los antivirales? ¿Y los anticuerpos?

R: Nosotros no paramos en nuestro empeño. Somos científicos y los científicos por definición somos gente curiosa que tenemos entre ceja y ceja un problema y buscamos su solución. Puede ser que al final no encontremos una empresa que produzca el producto, pero lo importante es que el conocimiento se va a seguir generando. Evidentemente, trataremos de llegar lo más lejos posible. Y ojalá sea efectivamente el año en el que nuestras vacunas o antivirales estén en la sociedad. Es cierto que vacunas, por lo menos en el mundo occidental, tenemos. Pero la línea en la que estamos trabajando es en la de poder dar con un prototipo mejor. Respecto a los antivirales, realmente hay pocos en el mercado para el SARS-CoV-2. Es curioso que después de toda la investigación probablemente sea el área donde menos desarrollo ha habido y por lo tanto es tremendamente importante continuar con este esfuerzo. Yo confío en que se han puesto los mimbres para que esto se termine desarrollando.

P. Hace un año usted hablaba en una entrevista del autoabastecimiento de las vacunas españolas. ¿Es esta la preferencia de su uso, o el de antivirales o anticuerpos, frente al de la exportación?

R: Ahora mismo, a nivel nacional hay suficientes vacunas para todo el mundo. Queda, sin embargo, mucha población mundial sin vacunar. Egoístamente, a cualquier país le interesa que todo el mundo quede protegido porque cuanto antes se vacune la gente, menos posibilidades hay de generación de variantes y, por lo tanto, menores serán las posibilidades de que todo revierta sobre ti. Es verdad que los países más industrializados o desarrollados están comprando vacunas para cederlas aquellos donde no las hay, pero hay que seguir empujando en esta dirección. Por otro lado, las vacunas son mejorables. La tecnología nos ha permitido acudir rápido pero no tenemos historia suficiente para ver su robustez y grado de protección en el tiempo y puede ser necesario llevar a cabo evoluciones de esas vacunas para tratar de mejorar la inmunización.

P: ¿Entonces autoabastecimiento o exportación?

R: Ambas cosas. No sería muy inteligente focalizarse solo en una. Es necesario generar soluciones a problemas para la sociedad, y cuando hablo de la sociedad hablo de la sociedad nacional e internacional. Creo que cuando la ciencia trabaja, no lo hace pensando exclusivamente en algo muy concreto, sino que tiene una visión mucho más amplia. Es verdad que luego entran en juego otros intereses de tipo político o comercial, y ahí los científicos poco tenemos que decir. Pero desde luego en pandemias cómo esta, la solución debe ser global. Porque los problemas que afectan a un país se trasladan a los demás rápidamente. Aparece una variante nueva y al poco tiempo causa ya el 60% de las infecciones de la población española.

P: ¿En qué estado se encuentran los proyectos del CNB no relacionados con el coronavirus?

R: El CNB no ha perdido en absoluto el resto de los proyectos, que se están desarrollando con toda la normalidad. Recientemente, tuvo lugar el claustro del centro, donde se hizo un resumen anual de todas nuestras actividades y vimos que hemos crecido en gran medida, tanto en el número de publicaciones realizadas como en su impacto. Nos situamos cerca de un 8 de índice de impacto y de las 300 publicaciones anuales, lo cual está muy bien. Un centro multidisciplinar como este no puede quedarse solamente en los proyectos covid-19. Tenemos una propuesta para desarrollar una plataforma de cribado de antibióticos que es una iniciativa muy importante. También hay proyectos relacionados con adaptación de plantas al medio natural o con la eliminación de contaminantes en suelos, así como grupos estudiando cáncer y autoinmunidad. Dichos proyectos, y muchos otros, siguen adelante generando conocimiento que es lo que la ciencia debe hacer.

Leyre Flamarique / CSIC-FBBVA Ayudas a la Comunicación Científica

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