Toda innovación generada desde un centro de investigación sanitaria u hospital público tiene como objetivo principal poder llegar al mercado a la mayor brevedad posible, es decir, que sus potenciales usuarios, ya sean médicos, pacientes o la sociedad en general puedan beneficiarse de la tecnología. Esa es la principal meta de cualquier investigador o profesional sanitario que haya participado en el desarrollo de un proyecto de innovación.

Actualmente, en la práctica totalidad de hospitales terciarios que conforman la red pública, así como en algunos de los secundarios adheridos a los primeros, podemos encontrar las denominadas “Unidades de Apoyo a la Innovación” (UAI), auténticas piezas clave del sistema de innovación sanitaria. Las UAI irrumpen en el panorama nacional en el año 2010 en el marco de la Plataforma ITEMAS, financiada por el Instituto de Salud Carlos III y coordinada por el Dr. Manuel Desco.

Las UAI son las encargadas de actuar como antenas de las ideas que se generan dentro de su entorno, ya sea su propio centro de investigación sanitaria o su hospital correspondiente, así como de transferir los resultados de sus propias investigaciones, bien sea mediante la creación de una spin off que nace del propio hospital o centro de investigación, o licenciando resultados al sector privado, principalmente a empresas nacionales o internacionales del sector farmacéutico o biotech. En otras ocasiones, las soluciones tecnológicas desarrolladas se implementan en los propios hospitales. En cualquiera de los casos, se genera valor y conocimiento en el propio entorno hospitalario así como riqueza en el territorio.

Las UAI son las responsables de atender, estudiar, asesorar y acompañar al personal investigador durante todo el proceso descrito, desde que éstos llaman a la puerta de dichas unidades hasta que el proyecto de innovación alcanza su meta final: el paciente.

Cabe destacar que este largo camino de la idea hasta alcanzar el mercado depende, en la gran mayoría de ocasiones, de la obtención de ayudas económicas, puesto que se producen costes de escalado, prototipado, pago de solicitud de patentes, validación in vitro o in vivo, estudios de mercado, estudios de freedom-to-operate (FTO), desarrollo de software, etc., que necesitan ser financiados y llevados a cabo para conseguir la oportuna valorización del proyecto, para así ir avanzando paulatinamente a través de sus correspondientes etapas de desarrollo.

Es altamente recomendable que cada institución disponga de una cartera de potenciales socios estratégicos, identificados por sus intereses en determinados campos de la ciencia y hacia el área de negocio que desarrollan. Por este motivo es clave disponer de una red de empresas, sociedades científicas, hospitales, fundaciones sanitarias e inversores privados, entre otros, con los que se establezcan alianzas que puedan fomentar, en un futuro, los procesos de valoración y, por ello, de transferencia a mercado. Estas actividades de colaboración conjunta pueden abarcar diferentes tipologías de acuerdos, codesarrollos, colaboraciones, etc., que permitan trabajar conjuntamente para alcanzar con éxito el objetivo antes indicado. En otros casos, y principalmente con empresas del sector, estos acuerdos y colaboraciones pueden llegar a convertirse en las denominadas “alianzas estratégicas”, que jugarán un papel clave en las etapas de valorización del portafolio de proyectos de cada institución.

Existen diferentes modalidades de acuerdos, alianzas y colaboraciones público-privadas de los centros públicos con las empresas y agentes del ecosistema biotecnológico, farmacéutico y health, entre los que destacan las siguientes:

  • Acuerdos-marco de colaboración, donde los centros de investigación u hospitalarios establecen una primera toma de contacto con empresas para valorar futuras colaboraciones más específicas en la generación de nuevos productos y tecnologías. Estos acuerdos, aunque puedan parecer irrelevantes, son la puerta de entrada previa a relaciones más extensas en el tiempo en forma de acuerdos de colaboración para proyectos concretos.
  • Acuerdos de colaboración con empresas del sector (farmacéuticas, dispositivos médicos, etc.) para desarrollar conjuntamente pruebas de concepto, ensayos preclínicos o clínicos, etc., necesarios para la rápida transferencia a mercado. Son acuerdos mucho más específicos que los acuerdos-marco, en cuanto a la descripción de las actividades a realizar. Las empresas a veces necesitan disponer de centros de investigación externos para desarrollar cierto tipo de proyectos y, más concretamente, en algunas fases preliminares de su desarrollo. Cabe recordar que muchos estudios preclínicos, así como las validaciones clínicas de sus proyectos requieren de la participación de hospitales para poder llevar a cabo los estudios necesarios en voluntarios y en pacientes. Por ello, estos acuerdos suelen ser de alto valor estratégico para todas las partes implicadas.
    En la mayoría de las ocasiones, esos acuerdos de colaboración, con el tiempo, pueden llegar a transformarse en alianzas estratégicas de alto valor añadido.
  • En algunos casos, se llega a acuerdos de co-desarrollo, que regulan las actividades de I+D+i entre dos o más entidades, en donde generalmente una de las partes es una empresa privada, y en donde cada una de ellas aporta su experiencia y recursos, ya sean humanos, tecnológicos o económicos, típicamente aportando capacidades complementarias, para llevar a buen fin un proyecto de interés común.
    Este tipo de acuerdos son indispensables en la mayoría de casos para poder salir del conocido “valle de la muerte” en que puede encontrarse un proyecto, puesto que el centro público puede no disponer de los recursos necesarios para avanzar en la valorización. Principalmente, el aporte de capital externo por parte de una empresa a un centro de investigación público permite seguir con el desarrollo del proyecto o, en otros casos, dicha empresa o centro tecnológico privado ofrece su colaboración en desarrollar formulaciones, medical devices, in vitro diagnostics, etc, bajo un paraguas de win-win. Es frecuente que en este tipo de acuerdos se pacte un reparto de la propiedad intelectual o industrial derivada de los resultados del proyecto.
  • Contratos de prestación de servicios: cada vez más esmás frecuente este tipo de contratos, los cuales no generan relación laboral ni prestaciones sociales. En ellos, un investigador, médico, grupo de investigación o institución, se compromete a prestar un servicio científico a una empresa (ya sea un experimento, formación específica, consultoría, know how, ensayo clínico, etc) a cambio de una contraprestación económica. La ejecución de dichos contratos aporta una muy necesaria fuente de ingresos, tanto para el grupo de investigación como para la institución (overheads) y, en la mayoría de casos, se utiliza para seguir avanzando en las líneas de investigación propias, adquiriendo material o contratando nuevo personal de apoyo. Por ello, este tipo de acuerdo debe potenciarse desde la propia institución como un eje estratégico más para poder alcanzar un alto grado de suficiencia económica, tanto para el grupo de investigación como para la gestión del instituto.
    Además, en el caso de ensayos clínicos, una parte de los beneficios recaen también en el hospital vinculado, puesto que es el lugar donde se realizará el servicio. Todo ello implica mayores ingresos , tanto para el hospital, como para sus investigadores, así como para el centro de investigación vinculado al mismo.
  • Acuerdos de transferencia de tecnología, los cuales se conocen también como “acuerdos o contratos de licencia”. En ellos, se transfiere la tecnología desarrollada por un centro de investigación u hospital, a la empresa privada a cambio de unas contraprestaciones económicas, ya sea en forma de pago inicial o por hitos y, frecuentemente, ligadas al volumen de ventas a lo largo de la duración del contrato (regalías o royalties). Esta última modalidad permite compartir el riesgo entre el centro de investigación y la empresa, y lastra menos a esta última en los primeros momentos del proyecto. Estos acuerdos simbolizan el máximo éxito que puede alcanzar una tecnología: su cesión al entorno privado para su consiguiente explotación económica y una llegada aún más rápida al paciente y la sociedad.

En definitiva, todos los tipos de acuerdos son siempre beneficiosos para las instituciones puesto que, con la colaboración del sector privado, permiten que cada proyecto avance en su camino hacia el objetivo de alcanzar lo antes posible el mercado y, por tanto, beneficiar a los pacientes o usuarios finales. Es responsabilidad de todos los actores implicados (gerentes, investigadores, gestores de investigación, etc) el estar orientados hacia dichos objetivos, y que activamente busquen en el sector privado recursos materiales o económicos para que cada uno de los proyectos que componen el portafolio de cada institución, puedan contar con dichos recursos o ser licenciados lo antes posible.

En estos últimos 4 años GENESIS Biomed ha sido un actor importante promoviendo la colaboración público-privada a través del soporte especializado en la creación de numerosas start-ups en España procedentes del ámbito académico y hospitalario, dentro de las que podemos destacar entre otras : Corify Care y Telara Pharma. En estos casos el IiSGM (Instituto de Investigación Sanitaria) ha contado con la estrecha colaboración de la consultora GENESIS Biomed.

Corify Care fue fundada en 2019, entre otros , por Andreu Climent (CEO, UPV), María Guillem (UPV), Francisco Fernández-Avilés (HUGM) y Felipe Atienza (HUGM), gracias al trabajo multidisciplinar de clínicos, ingenieros y biomédicos del propio Hospital General Universitario Gregorio Marañón y de la Universitat Politècnica de València, a partir del desarrollo de un innovador sistema de mapeo cardíaco completamente no-invasivo que en menos de dos minutos puede mapear cualquier ritmo cardíaco, tanto en consulta como en quirófano, ACORYS®. Este primer dispositivo de Corify Care va a permitir personalizar el tratamiento de las arritmias cardiacas, puesto que los médicos ya podrán ver el origen de la arritmia y podrán identificar el tratamiento más apropiado para cada paciente.

En este caso concreto, Corify Care ha contado con la participación privada, en forma de captación de inversión para llevar a cabo la versión definitiva del diseño y la validación tecnológica en más de 300 pacientes. Dicha captación de recursos privados se ha llevado a cabo a través de dos campañas de crowdfunding y otras rondas de financiación exitosas (CDTI, Clave Mayor, Corporación Mondragón, etc), sumando un importe total de EUR 2,35 M, la cual va a permitir finalizar la validación clínica de ACORYS®, así como obtener la aprobación regulatoria en Europa y Estados Unidos en 2023 e iniciar su salida al mercado nacional e internacional. Dentro de esta participación privada hay que citar la convocatoria del Caixa Impulse Validate, además de una primera ronda de financiación semilla (EUR 0,3M) provenientes de una family office, así como financiación del Programa EIT Health (EUR 0,75M), del CDTI Cervera (EUR 1M) y de una financiación pública europea.

También cabe destacar el rol activo de GENESIS Biomed a partir del apoyo constante, de de Josep Lluís Falcó y su equipo desde 2017, momento en que Climent, junto al Instituto de Investigación Sanitaria Gregorio Marañón y resto de socios, estaba madurando la posibilidad de crear la compañía. Este apoyo constante fue esencial para recorrer conjuntamente el camino que los ha llevado hasta el momento actual, cuando GENESIS Biomed se convierte en socio de Corify Care y Josep Lluís Falcó entra a formar parte del Consejo de Administración de la misma.

Este caso es un excelente ejemplo de colaboración público-privada en donde la parte privada, formada por accionistas, inversores y consultoras, creyeron desde el primer momento en el éxito del proyecto, conscientes de la importancia del mismo, tanto en beneficio de los pacientes con arritmias como para los médicos y especialistas que podrán optimizar la eficacia y la eficiencia del tratamiento para tratar las alteraciones del ritmo cardíaco, así como también en beneficio del propio sistema sanitario, en forma de ahorro en recursos públicos.

Otro caso de colaboración público-privada es la spin off Telara Pharma, en donde, con el apoyo de GENESIS Biomed, se suscribió un acuerdo de licencia exclusiva mundial a una empresa privada para el uso de la cilastatina en el tratamiento y la prevención de la lesión renal aguda y en procesos de sepsis.

El proyecto Cilastatina surgió gracias a la investigación desarrollada por el fallecido Dr. Alberto Tejedor, que era jefe de sección del Servicio de Nefrología del Hospital General Universitario Gregorio Marañón y catedrático en la Universidad Complutense. Su equipo patentó la capacidad del compuesto cilastatina para prevenir y tratar el fracaso renal agudo. Demostraron que la cilastatina protege el riñón en más de un 80 por ciento frente a la toxicidad de fármacos tan ampliamente utilizados como el cisplatino, la ciclosporina o la gentamicina, fármacos esenciales en el tratamiento de ciertos cánceres, trasplantes o infecciones, sin interferir en el efecto terapéutico de los medicamentos para tratar estas patologías. El nuevo fármaco ha abierto la posibilidad de mejorar y ampliar los tratamientos más eficaces, actualmente conocidos, para enfermedades como el cáncer, el VIH e inmunosupresores para evitar el rechazo en los trasplantes, y el uso de antibióticos para el tratamiento de infecciones que no se podían utilizar por su alta toxicidad renal.

El Hospital Gregorio Marañón, a través de su Instituto de Investigación Sanitaria (IiSGM), realizó todos los ensayos preclínicos pertinentes, así como la publicación de los mismos en revistas científicas internacionales que avalan los excelentes resultados. Todo ello teniendo la precaución de proteger los resultados en el momento adecuado, cara a posibilitar una posible transferencia.

Telara Pharma ha suscrito en 2021 un acuerdo de licencia exclusiva mundial con la empresa canadiense Arch Biopartners para utilizar la cilastatina en el tratamiento y la prevención de la lesión renal aguda y en procesos de sepsis. Este acuerdo se consiguió en un tiempo récord, de tan solo 6 meses, contribuyendo a tal fin la consultora GENESIS Biomed. Arch Biopartners desarrolla nuevos fármacos candidatos para tratar el daño orgánico causado por la inflamación y dispone de un portafolio de productos en fase clínica. Destaca su molécula, Metablok, con el mismo mecanismo de acción. Esta licencia allana el camino a la mejor selección de terapias para los inhibidores de DPEP-1 y a una llegada más rápida al mercado por parte de estas moléculas, abriendo la puerta para un nuevo ensayo de fase II para Metablok y cilastatina dirigido a la lesión renal aguda. Por otro lado, Telara Pharma y el Hospital Gregorio Marañón participarán del desarrollo clínico de la cilastatina, dirigido por Arch Biopartners.

Como parte del acuerdo de licencia y la colaboración, el equipo de Telara proporcionará a Arch Biopartners los datos de seguridad y desarrollo farmacéutico originados en la Fase I para respaldar un futuro estudio clínico de Fase II.

Por su parte, GENESIS Biomed también contribuyó y lideró el cierre de una ronda semilla de 100.000 € para Telara Pharma, ofreciendo el soporte necesario para la gestión estratégica de la compañía y la promoción del proyecto Cilastatina.

Otro ejemplo de colaboración público-privada ha sido la creación recientemente de la spin-off THYTECH donde, con el apoyo de GENESIS Biomed actuando como CEO Interim ha acompañado a sus fundadores durante todo el proceso de la creación de la empresa, así como su futura financiación. El proyecto THYTECH surge de los investigadores del Laboratorio de Inmuno-regulación (LIR) del IiSGM, liderados por el Dr. Rafael Correa Rocha, que han desarrollado un protocolo para aislar las células Treg del tejido tímico (thyTreg) descartado en cirugías cardíacas pediátricas. Después de completar los estudios preclínicos, los investigadores iniciaron un ensayo clínico de fase I / II para probar la seguridad y eficacia de la transferencia adoptiva de thyTreg autólogo para prevenir el rechazo del injerto en niños trasplantados de corazón. La principal innovación de THYTECH es el empleo de tejido tímico, como una nueva fuente de Tregs para obtener cantidades masivas de células thyTreg con una pureza muy alta y mejores capacidades de supervivencia y represión. Estas células son una terapia prometedora para su uso alogénico al tratarse de células indiferenciadas que confieren baja inmunogenicidad cuando se trasplantan. Estás células pueden aplicarse a una amplia gama de condiciones de tipo inmunológico, siendo las áreas de enfoque principales las enfermades autoinmunes, síndrome de dificultad respiratoria aguda (COVID-19) y trasplante de órgano (GvHD). Así pues, THYTECH es considerada una nueva terapia celular avanzada basada en el uso de células Treg derivadas del timo para inducir tolerancia inmunitaria para tratamiento de enfermedades relacionadas con respuestas inmunes no deseadas.

La creación de las tres spin off es un claro ejemplo win-win en acuerdos público-privados, en beneficio del usuario final, el paciente. En el caso de Corify Care, la colaboración privada se ha materializado en forma de inversión económica por varios actores principalmente privados, y en el caso de Telara Pharma el acuerdo público-privado ha dado como resultado final la licencia de la tecnología a una empresa biotecnológica canadiense.

Artículo de Jaume Ruiz – Director de Desarrollo Comercial y Consultor Senior en GENESIS Biomed

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