En los últimos años, el término "conectividad cerebral" se ha vuelto cada vez más popular y aparece frecuentemente en artículos divulgativos sobre neurociencias. Sin embargo, a menudo se tiene solo una vaga idea de lo que realmente significa este concepto, cuáles son los procesos biológicos subyacentes y de qué manera el estudio de la conectividad cerebral puede ayudarnos a comprender mejor el funcionamiento de nuestro cerebro, tanto en condiciones fisiológicas normales como patológicas.
Para adentrarnos en la cuestión de la conectividad cerebral en este artículo, contamos con el conocimiento y la experiencia de Raffaele Cacciaglia, Doctor en Neurociencias e investigador del Barcelonaβeta Research Center (BBRC), centro de investigación de la Fundación Pasqual Maragall. Además, forma parte y es docente del Grupo de Investigación en Neurociencia Cognitiva (BrainLab) de la Universidad de Barcelona. Las líneas de investigación del Dr. Cacciaglia están relacionadas con la conectividad cerebral estructural y funcional y su relación con los biomarcadores de la enfermedad de Alzheimer.
Analizar estos mecanismos cerebrales subyacentes en las primeras fases del Alzheimer es esencial, pues abre la puerta al diseño de intervenciones terapéuticas eficientes para retrasar o prevenir la enfermedad.
¿Qué se entiende por conectividad cerebral?
Desde el punto de vista didáctico, la conectividad cerebral es el objeto de estudio de una disciplina, llamada conectómica, una rama de las neurociencias, en particular del campo de la neuroimagen. Esta disciplina analiza el cerebro humano desde el punto de vista de las conexiones entre sus diferentes áreas, identificando así la presencia de redes neuronales. Sin embargo, es importante destacar que la conectómica no es exclusiva de las neurociencias, sino que se aplica a cualquier disciplina que estudie sistemas complejos cuyos elementos muestren interconexiones, como la biología, la genética, la sociología o incluso la urbanística.
Para comprender plenamente el concepto de conectividad cerebral, es necesario considerar que el cerebro, no solo el humano, es el órgano más complejo existente y, en términos generales, el sistema más complejo que podemos estudiar. Esta complejidad deriva de múltiples factores, entre los que se incluye el hecho de que está compuesto por células que forman áreas cerebrales interconectadas. Haciendo todo aún más complicado, hay que considerar que estas conexiones no son estáticas, sino que se modifican en función de procesos inmediatos, como la ejecución de tareas complejas, y de procesos a largo plazo, como el desarrollo cerebral y el envejecimiento.
Para explicar la conectividad a sus estudiantes, el Dr. Cacciaglia suele utilizar la metáfora de la red del metro de Barcelona, o de cualquier otra gran ciudad. Observando esta red, nos damos cuenta de que está compuesta por diferentes estaciones, donde las personas pueden subir o bajar, y por conexiones entre las propias estaciones.
Para que la ciudad de Barcelona funcione de manera eficiente, es esencial que la red de metro esté coordinada y sea rápida y segura. De la misma manera, el cerebro funciona a través de una red de áreas cerebrales interconectadas, garantizando que la información se distribuya de manera efectiva a los centros encargados de su procesamiento.
Tipos de conectividad cerebral
La conectividad cerebral puede estudiarse a diferentes escalas. Por ejemplo, se pueden analizar las conexiones entre neuronas individuales o entre regiones cerebrales. Sin embargo, la definición de estas regiones es a menudo arbitraria: el cerebro puede dividirse en 10, 20, 45 o incluso 300 regiones, y estos números son puramente aleatorios, variando según el criterio utilizado para generar el mapa de conectividad. Si adoptamos criterios puramente morfológicos, obtendremos ciertos mapas, mientras que criterios funcionales, basados en las actividades realizadas por diferentes poblaciones neuronales, producirán otros.
Existen diversos tipos de conectividad cerebral:
1. Conectividad estructural
Es la forma más intuitiva y se basa en la existencia de conexiones físicas entre neuronas o áreas cerebrales, realizadas a través de haces de fibras nerviosas: los axones. Los axones constituyen la sustancia blanca del cerebro y son responsables del transporte de la información cerebral, exactamente como las conexiones entre estaciones en una red de metro.
Los estudios sobre esta conectividad han llevado a la identificación de verdaderos fascículos de sustancia blanca, entre los que se encuentran:
2. Conectividad funcional
A diferencia de la estructural, no requiere una conexión física y directa entre regiones cerebrales. Se basa en la coactivación de múltiples regiones durante la ejecución de tareas específicas. Entre las principales redes funcionales identificadas se encuentran:
Uno de los descubrimientos más fascinantes en el campo de la neurociencia en los últimos 20 años es que estas redes funcionales también se activan en estado de reposo, indicando así que el cerebro está configurado para realizar sus actividades coordinando y orquestando todas las áreas que lo componen. La Figura 1 muestra las principales redes funcionales en estado de reposo.
¿Cómo se mide la conectividad cerebral?
La conectividad cerebral puede medirse in vivo mediante técnicas de neuroimagen no invasivas, como:

Principales tractos de sustancia blanca medidos mediante tractografía derivada de imágenes ponderadas por difusión (DWI). Fuente: BBRC.
Relevancia del estudio de la conectividad cerebral en la investigación del Alzheimer
La conectividad cerebral es crucial para el funcionamiento cognitivo. Muchos estudios han demostrado que la salud de las redes cerebrales afecta la memoria, las funciones ejecutivas y el aprendizaje. Numerosas evidencias indican que el estudio de la conectividad cerebral es relevante para avanzar en el conocimiento sobre la enfermedad de Alzheimer:
¿Cómo mantener el cerebro en forma?
Mantener las redes neuronales en forma y, así, la conectividad cerebral en óptimas condiciones requiere un enfoque holístico que involucre cuerpo y mente:
Referencias de interés
Imagen 1: Principales tractos de sustancia blanca medidos mediante tractografía derivada de imágenes ponderadas por difusión (DWI). Fuente: Perino et al. (2021).