Hace más de un siglo que la enfermedad de Alzheimer fue identificada y descrita. Sin embargo, todavía desconocemos cuáles son las causas que la originan. En realidad, cada vez se tiene más certeza de que no es atribuible a una única causa. Y es que los avances de investigación apuntan a múltiples factores de riesgo de Alzheimer que, en mayor o menor medida, pueden incidir en el desarrollo de esta enfermedad.
Es importante recordar que Alzheimer y demencia no son sinónimos, pero son conceptos estrechamente relacionados, ya que el Alzheimer es la principal causa de demencia, pero no la única. Una comisión de expertos a escala internacional ha identificado 14 factores de riesgo de demencia que, con diferente peso y con diferente impacto en distintas etapas de la vida, podrían explicar hasta un 45% de los casos de demencia, independientemente del tipo o de su causa.
En este artículo vamos a hablar de los factores de riesgo de Alzheimer, consistentes también con los factores de riesgo de demencia, y daremos unas pinceladas de cómo se pueden abordar.
Tipos de factores de riesgo de Alzheimer
Los factores de riesgo de Alzheimer se pueden dividir en dos grandes tipos: aquellos no modificables y los modificables.
Factores de riesgo de Alzheimer no modificables
Los principales factores de riesgo de Alzheimer no modificables son la edad y la genética. Por otro lado, hay cada vez más estudios e hipótesis de investigación abiertas acerca de la relación entre el sexo femenino y el Alzheimer, que es una enfermedad más prevalente en mujeres.
La edad es el principal factor de riesgo para desarrollar la enfermedad. La suma de años, particularmente a partir de los 65, va incrementando el riesgo de padecerla. Sin embargo, muchas personas preservan sus capacidades cognitivas hasta edades muy avanzadas. Así pues, la edad encabeza la lista de factores de riesgo de Alzheimer, aunque el desarrollo de esta enfermedad no es una consecuencia inevitable del hecho de envejecer, ni hay que confundir los efectos del envejecimiento cognitivo con algo patológico. Recordemos, además, que la demencia senil no existe, no es un diagnóstico médico aceptado hoy en día.
Por otra parte, es importante saber que el Alzheimer tampoco es una enfermedad hereditaria. Solo en un porcentaje muy pequeño de los casos, alrededor del 1%, puede atribuirse su causa, de forma inequívoca, directamente a la genética. En el 99% restante de los casos ciertos genes pueden conferir una mayor vulnerabilidad para desarrollar la enfermedad, pero, en sí mismos, no son determinantes de ello. Algún patrón genético puede conllevar casi con certeza el desarrollo de la patología propia del Alzheimer en el cerebro, pero no determina el momento ni el pronóstico de desarrollo de la enfermedad.
Factores de riesgo de Alzheimer modificables
Los factores genéticos también se ven influidos y modulados por otros elementos: los factores de riesgo de Alzheimer modificables.
La investigación científica apunta cada vez con más solidez a que podemos actuar sobre ciertos factores de riesgo para disminuir la probabilidad de desarrollar la enfermedad de Alzheimer. Principalmente, están relacionados con la salud cardiovascular y con hábitos de vida. Hace unos años, en un relevante artículo científico se recogía que, mediante la modificación de este tipo de factores1, se podría prevenir 1 de cada 3 casos de Alzheimer.
El control de los factores de riesgo cardiovascular es clave. Así pues, es muy importante evitar o mantener a raya la hipertensión arterial, la diabetes, el colesterol, el tabaquismo o la obesidad. Cuestiones como el sedentarismo o una dieta poco saludable repercutirán en la salud cardiovascular, pero también en la salud cerebral. Cada vez es más evidente que lo que es bueno para el corazón, es bueno para el cerebro. No se debe descuidar el seguimiento médico ni tampoco los hábitos de vida saludables.
Uno de los aspectos que está en el foco de investigación actual es el sueño como factor de riesgo de Alzheimer. Además de dormir suficiente, tanto o más importante es la calidad del sueño para que pueda ejercer su efecto reparador y, entre otras cosas, eliminar restos tóxicos de proteínas y otras sustancias derivadas de la propia actividad del cerebro y, entre ellas, algunas relacionadas con la patología cerebral del Alzheimer.
14 factores de riesgo de demencia en el ojo de mira
Más allá de los factores de riesgo de Alzheimer, podemos hablar de factores de riesgo de demencia, independientemente de cuál sea su causa. En este sentido, el informe de la Comisión Lancet 20242 sobre prevención y manejo de la demencia identifica 14 factores de riesgo de demencia sobre los que se puede actuar.
Estos factores son:
Aunque actuar sobre ellos siempre será beneficioso, el impacto de estos factores tiene una ponderación diferente en distintas etapas de la vida:
En el informe de la Comisión Lancet 2024 se afirma que hasta el 45% de los casos de demencia podrían evitarse abordando 14 factores de riesgo modificables a lo largo de la vida. Esto se basa en cálculos que estiman la proporción de casos que no ocurrirían si se eliminaran completamente estos factores de riesgo de demencia.
Aunque cada factor tiene un impacto independiente, los factores interactúan entre ellos, pudiendo incrementar el riesgo. Por ejemplo, la combinación de tabaquismo, hipertensión y obesidad puede multiplicar el efecto negativo en el cerebro.
¿Qué podemos hacer para reducir los factores de riesgo de Alzheimer y de demencia?
Está claro que se puede actuar para reducir la probabilidad de desarrollar la enfermedad de Alzheimer o de demencia por cualquier causa. ¿Cómo? Principalmente, tratando de controlar los factores de riesgo cardiovascular, procurando que nada afecte a la buena conexión con nuestro entorno ni perjudique nuestro estado de ánimo y llevando hábitos de vida saludables. Todo ello, con la supervisión médica necesaria.
Es importante pensar que cualquier cambio hacia algo más saludable y favorecedor de la protección de nuestro cerebro es bienvenido. No se trata de implementar cambios radicales (algo poco realista, además); no es cuestión de “todo o nada”. Cualquier pequeño cambio contribuirá a reducir los factores de riesgo de demencia. Del mismo modo que, como hemos comentado, los factores de riesgo interactúan entre sí pudiendo amplificar su efecto, los cambios positivos también suman para producir efectos beneficiosos.
Estos son algunos consejos para implementar en el día a día para actuar sobre los factores de riesgo de demencia:
Intervenir sobre los factores de riesgo de Alzheimer y de demencia es una cuestión global
Diversos estudios y meta-análisis citados en el informe de la Comisión Lancet 2024 muestran que intervenir sobre los factores de riesgo de demencia, como tratar la hipertensión, reducir el consumo de alcohol, o usar audífonos para la pérdida auditiva, disminuye el riesgo de llegar a desarrollarla. Incluso si no todos los casos se pueden prevenir, estas acciones pueden retrasar su inicio, reduciendo significativamente el número de años vividos con discapacidad.
La prevención debe comenzar desde etapas tempranas de la vida, pero las intervenciones son efectivas en cualquier momento, así que nunca es tarde. Este enfoque de curso vital permite reducir riesgos en diferentes edades, maximizando los efectos a nivel poblacional.
Un aspecto clave que se destaca en el citado informe incide en que lograr esta reducción del 45% de futuros casos de demencia requiere intervenciones integradas: campañas de salud pública, políticas educativas, regulación ambiental y acceso equitativo a atención médica, así como acciones específicas dirigidas a las poblaciones con mayor carga de factores de riesgo de demencia. La responsabilidad no puede, de ningún modo, recaer exclusivamente en las acciones individuales de cada persona.
Referencias y enlaces de interés
Publicado originalmente el 21 de noviembre de 2019, actualizado el 9 de enero de 2025.