Un grupo de investigación de IDIBELL-ICO, encabezado por la Dra. Bárbara Rivera, ha conseguido trazar por primera vez la ruta molecular que siguen determinados tumores de tiroides para pasar de ser nódulos benignos a cánceres. El equipo ha centrado el estudio en un tipo de tumores concretos, más prevalentes entre pacientes pediátricos, caracterizados por mutaciones en dos genes que procesan pequeñas moléculas reguladoras llamadas microARNs (miRNAs).

Gracias a técnicas multiomicas de última generación, los investigadores han podido identificar los cambios genéticos y epigenéticos que dictan la progresión cancerosa. El descubrimiento, publicado recientemente en la revista científica JCI Insight, abre la puerta a localizar nuevos biomarcadores de diagnóstico y pronóstico, y a diseñar mejores estrategias de vigilancia para los pacientes, sobre todo pediátricos.

Una acumulación lineal y progresiva de errores

Los microARNs son pequeñas moléculas que regulan estrictamente la expresión de los genes y tienen un papel fundamental en muchos procesos biológicos, incluyendo el cáncer. Al ser tan importantes, su proceso de biogénesis está muy bien orquestado, desde que empiezan a formarse hasta que son funcionales. Los genes DICER1 y DGCR8 son piezas clave en esta maquinaria y, por eso, cuando están mutados, la susceptibilidad a desarrollar tumores es mayor. En concreto, los pacientes con alteraciones hereditarias en DICER1 tienen riesgo de desarrollar hasta 30 tipos de tumores diferentes, algunos de muy mal pronóstico. Por ello, los pacientes están sometidos a programas de seguimiento muy intensos.

Hace años que se conoce esta mayor predisposición a tumores ligada a mutaciones en DICER1 o DGCR8, pero hasta ahora no se habían descrito los pasos exactos que llevan de una lesión benigna, causada por mutaciones en cualquiera de estos genes, al cáncer. “No sabíamos por qué algunas lesiones benignas derivadas de mutaciones a DICER1 o DGCR8 seguían siendo benignas, y otros se volvían malignas”, explica la Dra. Bárbara Rivera, investigadora principal del grupo de investigación en Cáncer hereditario del IDIBELL-ICO.

Ahora, gracias a la caracterización del paisaje molecular encontrado en lesiones benignas y malignas de muestras de pacientes, el equipo ha podido reconstruir la historia de eventos genéticos que se suceden hasta la transformación maligna. “Hemos podido describir una acumulación progresiva, específica y lineal de alteraciones genéticas que nos guían desde la lesión benigna inicial hasta el cáncer de tiroides”, añade la Dra. Rivera.

Dos rutas hacia el cáncer de tiroides

El estudio revela que hay dos rutas principales según el gen afectado. En la primera, la mutación a DICER1, por sí sola, puede ser suficiente para desajustar el equilibrio de los miRNAs y conducir al cáncer de tiroides (aunque, en algunos casos, más agresivos, también aparecen mutaciones secundarias en el gen TP53). En la segunda, la mutación a DGCR8 parece promover un escenario ideal para que se adquiera una segunda mutación, habitualmente en genes de la vía MAPK, para pasar de una lesión de tiroides benigna a una maligna.

En cualquiera de las dos rutas, hemos visto que a medida que se acumulan alteraciones en el balance de miRNAs producido por las células, el tumor se vuelve más maligno”, especifica Anne-Sophie Chong, doctoranda de la IDIBELL y la UB, y primera autora del estudio. Al principio, parece ser que los tumores benignos intentan compensar los problemas para fabricar miRNAs activando más genes que les codifican, “pero este mecanismo de rescate compensatorio acaba fallando, y la producción de miRNAs se ve muy afectada”, concluye.

Además, aparte de describir la progresión cancerosa, los investigadores han identificado la pérdida de una serie de miRNAs como predictores de malignidad. Este hallazgo es fundamental para la práctica clínica, ya que los tests de biomarcadores actuales para cáncer de tiroides no suelen tener en cuenta aquellos tumores que presentan defectos en la síntesis de miRNAs, un perfil muy frecuente en la oncología pediátrica. Todavía hay que corroborarlo, pero los resultados son prometedores: “Este pequeño grupo de miRNAs podría representar el biomarcador clave para diferenciar si estos tumores de tiroides son benignos o ya han iniciado la ruta hacia el cáncer, lo que representa un paso importante en el manejo de estos pacientes de alto riesgo”, detalla la Dra. Rivera.

La traducción del descubrimiento para los pacientes

Más allá de ayudar a comprender la biología de los tumores de tiroides y plantear nuevos biomarcadores, la investigación del equipo de la Dra. Bárbara Rivera abre la puerta a aplicaciones rápidas en la gestión del cáncer de tiroides, sobre todo en familias con predisposición hereditaria al cáncer (como es el caso de las que tienen mutaciones heredadas en DICER1).

El hecho de haber definido los pasos de la progresión hacia el cáncer de tiroides, podría permitir, en un futuro, definir estrategias para estratificar mejor el riesgo de estos pacientes. Sobre todo, se podría garantizar una vigilancia más estrecha en aquellos que presenten mutaciones de riesgo, actuando antes de que la enfermedad progrese hacia formas más agresivas y ofreciendo un consejo genético más preciso.

Esta investigación ha contado con la colaboración de personal investigador de la Universitat de Barcelona, McGill University (Canadá), el Hospital Sant Joan de Déu, y el Centro Nacional de Investigación Oncológica (CNIO), así como de los Departamentos de Patología del Hospital Universitario de Bellvitge, el Hospital Ramón y Cajal y el Hospital Universitario Arnau de Vilanova. Además, ha tenido el apoyo de La Marató de 3Cat y de Iberdrola a través de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC).

Sobre el Comprehensive Cancer Centro de Bellvitge

Esta investigación se enmarca dentro de la acción del Campus Salud Bellvitge como Comprehensive Cancer Centro (CCC), el máximo reconocimiento europeo en el ámbito de la oncología, por parte de la Organisation of European Cancer Institutes (OECI). Se trata del único CCC del Estado español y de Cataluña donde participan cuatro instituciones públicas independientes (Hospital de Bellvitge, IDIBELL, ICO y UB) que hacen un abordaje del cáncer de manera coordinada y en red con un equipo de más de 1.500 profesionales que lideran desde la investigación a la prevención pasando por la atención asistencial integral.

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