Pronto hará 70 años que los fundadores de Lebsa, Josep Mª Espinós y José Antonio Bofill, empezaron su actividad industrial en IQS. Vuestra relación con el centro universitario viene, así, de muy lejos….

Sí, tan de lejos que podríamos decir que Lebsa nació de IQS. El Dr. Espinós compartió promoción con figuras como el Padre Queralt, el Dr. Margarit y el Dr. Condal y fue muy amigo del Padre Montagut. Era profesor del Centro cuando empezó a montar laboratorios fuera de IQS impulsado por su espíritu emprendedor. Llegó a montar un laboratorio con el Padre Queralt en los bajos del antiguo campo del Barça de Les Corts. En 1951 fundó la empresa Laboratorios Espinós, un laboratorio en la calle Graus, a 5 minutos a pie de IQS.

La empresa fue creciendo y diez años más tarde, en 1961 adquirió unos terrenos en lo que entonces era un descampado en Cornellá para aumentar el volumen de producción. Paulatinamente la actividad se fue trasladando a las nuevas instalaciones a medida que la producción de APIs seguía creciendo. En 2005 se remodeló la planta para convertirla en una instalación GMP moderna. Por aquel entonces, cedió la Dirección General a su hija Mª Luisa, pero siguió su actividad en la empresa como Presidente. Aunque físicamente la empresa se hubiese distanciado de IQS obligada por su creciente actividad, él siempre se sintió muy unido al Centro que fue la raíz de su empresa. Siempre insistió en mantener vínculos entre las dos entidades.

El Dr. Espinós murió en el año 2012 y hasta prácticamente el último día estuvo viniendo a la empresa y pensando en la química. Perteneció a esas promociones, podríamos decir, mitológicas en las que se forjó el espíritu de IQS y encarnó a la perfección esa visión: pasión desbocada por la química combinada con una visión “Utilitas” emprendedora enfocada a la empresa.

Háblanos de la actividad actual de Lebsa.

La actual Lebsa, es una pyme de casi 50 trabajadores que se dedica al desarrollo y fabricación de APIs genéricos y que exporta más del 85% de su producción llegando a todos los continentes.

La familia Espinós, propietaria de la compañía, ha decidido invertir en la empresa para volver a dar un salto en crecimiento. El nuevo edificio con laboratorios y oficinas refleja esta apuesta, así como el crecimiento del departamento de I+D compuesto actualmente por más de 10 investigadores.

Nuestro objetivo para los próximos años es incorporar nuevos productos al portfolio y posicionarnos como empresa innovadora y sostenible, donde esperamos que la Química de flujo tenga un papel importante.

¿Crees que centros como IQS son necesarios para potenciar la investigación, el desarrollo y la transferencia tecnológica?

Creo que son imprescindibles. En la mayoría de empresas de nuestro sector la cantidad del presupuesto que se dedica a ciencia básica es muy pequeña. Si se piensa en el corto plazo, con las presiones del mercado en “timings” y costes, es una inversión que no parece justificada. La investigación en ciencia básica requiere de plazos más largos para que sus resultados se puedan aplicar a la industria.

Pero por otro lado las empresas necesitamos estos nuevos descubrimientos y tecnologías que nos permitan ser más competitivos. Y aquí es donde entran centros como IQS en los que se puede trabajar en este tipo de investigación puntera.

Por tanto, la colaboración entre empresas y centros de investigación es beneficiosa para ambas partes. Para las empresas supone una fuente de ideas y posibilidades tecnológicas. Y a los centros, la colaboración con las empresas les aporta el conocimiento sobre qué es lo que busca el mercado y encontrar aplicaciones para satisfacer estas necesidades.

Somos un país con muchas publicaciones científicas. Sin embargo, no hay un número acorde de patentes ni empresas tecnológicamente punteras. Una mayor colaboración entre centros y empresas ayudaría a trasladar este conocimiento a la práctica.

Decidisteis iniciar el paso hacia la Química de flujo con un Doctorado Industrial realizado con IQS. ¿Cuál es tu opinión sobre este tipo de colaboraciones?

Realmente todo empezó bastante tiempo atrás. Fue en una conversación con el Dr. Julià Sempere hace unos 7 años cuando me preguntó si no habíamos pensado en la Química de flujo como opción. En aquel momento ya tenía muchos proyectos en marcha y ahí quedó la conversación. Años más tarde cuando comenzaba mi etapa en Lebsa, en una sesión de “brainstorming” sobre cómo competir con las empresas de China e India, salió el tema de la Química de flujo. Rescaté aquella conversación que había tenido años atrás y contactamos con el Dr. Sempere para ver cómo colaborar.

El proyecto que nos planteábamos era aplicar Química de flujo a un proceso ya existente. Obviamente los plazos no iban a ser cortos, implicaban una nueva tecnología completamente desconocida en Lebsa, su aplicación a un proceso y el traslado a nivel industrial. Para este tipo de colaboración la opción de un doctorado industrial de 3 años de duración nos pareció la más adecuada.

Nuestra experiencia difícilmente podría haber sido mejor: La persona que se contrató para dicho doctorado, Bea Ravasio, está haciendo un trabajo espectacular y queremos que siga en la plantilla de Lebsa cuando acabe el doctorado.

Pero además de esta vertiente personal, estaría la más pragmática del retorno de la inversión. Las aportaciones y mejoras que aportó Bea en el primer año y medio, ya rentabilizaron de sobras la inversión que suponía el programa de doctorado. Como decía, no podemos estar más contentos.

Ahora que Lebsa ha apostado fuerte por la Química de flujo y tiene ya su propio laboratorio de desarrollo, ¿qué esperáis de este importante paso? ¿Lo implantareis pronto en vuestra producción?

No sólo ha sido la adquisición de equipos para trabajar en el laboratorio, sino que hemos colaborado con más centros especializados en Química de flujo y hemos asistido a congresos. Estamos aprendiendo mucho y principalmente a base de errores. Hemos tenido procesos que han funcionado muy bien en laboratorio, pero cuando se han hecho números para pasar a planta industrial para fabricar toneladas se han demostrado ser inviables por cuestiones operacionales y logísticas.

Ahora sí que tenemos un par de procesos que se podrían traspasar a escala industrial. El problema que se nos plantea es cómo ir a planta de forma escalonada. Queremos empezar con un proceso que no suponga una inversión excesiva; que nos permita coger experiencia y confianza con la tecnología a nivel industrial; y, lógicamente, que suponga una ventaja hacerlo en continuo frente al proceso en batch. Puede ser complicado encontrar un proceso que reúna estos requisitos, pero es crítico elegir bien ya que marcará el futuro de la implantación de la tecnología en la empresa. Afortunadamente tenemos un proceso que parece tener estas condiciones.

Finalmente, ¿crees que la química de flujo será la revolución de la química fina?

Es una gran herramienta, que permite conseguir condiciones de reacción de presión y temperatura extremas de manera segura y sostenible, así como mejoras de rendimiento y calidad de producto. Pero tiene limitaciones. La principal es, a grandes rasgos, que hay que trabajar con líquidos y los APIs y sus intermedios en su inmensa mayoría son sólidos.

¿Sustituirá la química de flujo a la química en batch? Diría que no. Hay reacciones y operaciones que funcionan muy bien en batch de forma rentable y segura. Difícilmente se justificará hacerlas en continuo a nivel industrial. ¿Permitirá el acceso a reacciones que en batch son imposibles? Desde luego, y eso ya es suficiente para poder aplicar ese plus de competitividad a una empresa. No es necesario hacer todos los pasos de una síntesis en flujo. Basta con hacer uno que sea imposible en batch o que sea mucho más eficiente en continuo, y ya te has desmarcado de la competencia. Y eso sí que es disruptivo, una auténtica revolución.

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