Un nuevo trabajo coordinado por investigadoras e investigadores del área de Neurociencias del Instituto de Investigación Sanitaria Biogipuzkoa. ha analizado la estructura de la fibra muscular de las personas con distrofia muscular de cinturas R1 (LGMDR1), En este estudio han participado los y las investigadoras Andrea Valls, Cristina Ruiz-Roldán, Jenita Immanuel, Sonia Alonso-Martin, Roberto Fernández-Torrón, Pablo Iruzubieta, Adolfo López de Muniain y Amets Saenz, y los resultados han sido publicados en la revista científica internacional cells.

La distrofia muscular de cinturas R1 (LGMDR1), aunque sea una enfermedad rara de origen genético, tiene una alta tasa de prevalencia en Gipuzkoa, y se caracteriza por una debilidad muscular proximal progresiva debido a mutaciones en el gen CAPN3. Se sabe poco sobre la función de la calpaína 3 en el músculo, pero su pérdida da como resultado una formación anómala de la estructura contráctil responsable de la contracción en la fibra muscular. Mediante esta investigación, el grupo investigador ha querido establecer cómo se halla estructurada la fibra muscular en las personas con LGMDR1.

Analizando la estructura muscular en los músculos de personas afectadas de LGMDR1, los hallazgos más llamativos fueron la incorrecta localización de la proteína integrina β1D en la fibra muscular (Figura 1), así como la ausencia de la proteína talina 1.

Además, se han realizaron estudios en cultivos celulares derivados de músculos de personas afectadas. Se observó que algunos núcleos muestran una morfología anómala (Figura 2) que podría ser responsable de la alterada expresión de otros genes. También se han observado alteraciones en otros orgánulos de la célula, como son los centrosomas (orgánulos que regulan la división celular) y los microtúbulos. Estos últimos forman parte del citoesqueleto, participando en diversos procesos celulares como el transporte intracelular de diferentes moléculas o vesículas y en la división celular, entre otros.

Figura 2: Estudio de la morfología del núcleo celular. Los núcleos de pacientes con LGMDR1 presentan una morfología anómala. A la izquierda, la morfología en controles sanos; en el centro y derecha, la morfología en personas con LGMDR1.

Gracias a este trabajo se ha podido subrayar la relevancia de la proteína integrina β1D. Las y los pacientes con una clínica más benigna muestran una localización más adecuada de esta proteína, lo que conferiría una estructura muscular más estable a estos casos. Aunque lo observado en este trabajo, desafortunadamente, no tendrá todavía un impacto directo en las y los pacientes, estos hallazgos podrían ayudar a dirigir las futuras terapias.

En palabras de los y las investigadoras “Nos satisface aportar conocimiento científico pues el hecho de esclarecer los mecanismos de la enfermedad es muy importante. Estos hallazgos indicarán las dianas a las que dirigir el diseño de las futuras terapias.” Añaden que “Quisiéramos agradecer especialmente a GENE (Gipuzkoako Eritasun Neuromuskularren Elkartea) por su ayuda económica como por su participación en la realización de la investigación.

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