La insuficiencia cardíaca es una de las principales causas de discapacidad, rehospitalización y muerte en personas mayores. A pesar de su enorme impacto sanitario, los mecanismos que explican por qué el corazón envejecido es más vulnerable a esta enfermedad aún no se comprenden completamente. Un estudio liderado por el grupo de Enfermedades Cardiovasculares del Vall d’Hebron Instituto de Investigación (VHIR) ha identificado una causa clave que favorece el deterioro del corazón con el envejecimiento. El trabajo se ha llevado a cabo en colaboración con las áreas de Enfermedades Cardiovasculares y de Epidemiología y Salud Pública del CIBER (CIBERCV y CIBERESP), el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) y la Universidad Thomas Jefferson de Filadelfia, y ha sido publicado en la revista Aging Cell.

De la acumulación de productos del metabolismo al deterioro del corazón

Para investigar qué ocurre en el corazón con el envejecimiento, el equipo ha estudiado modelos animales* que alcanzan de forma fisiológica edades avanzadas, combinados con modelos celulares de simulación de envejecimiento. Mediante técnicas de microscopía de alta resolución y análisis proteómico masivo, se han analizado en detalle los cambios que se producen en el interior de las células.

De este modo, los investigadores han identificado el papel clave de los productos de glicación avanzada (AGEs) sobre las mitocondrias, los orgánulos encargados de generar energía dentro de las células. Los AGEs son compuestos químicos derivados del metabolismo y, a medida que se acumulan en las mitocondrias, hacen que estos orgánulos pierdan su eficiencia energética. Este proceso tiene un efecto en cadena: el daño químico también afecta a los lisosomas, responsables de eliminar los componentes celulares dañados, y provoca una alteración progresiva del sistema de reciclaje celular, favoreciendo la acumulación de residuos dentro de las células.

La persistencia de este estrés celular hace que una parte de los cardiomiocitos entre en un estado de senescencia, una transformación que les permite sobrevivir, pero afecta a su función normal. “Estas células, aunque no mueren, desarrollan cambios estructurales y funcionales importantes y adoptan un perfil proinflamatorio que se propaga localmente y contribuye al deterioro del corazón”, explica la Dra. Marisol Ruiz Meana, investigadora principal del grupo de Enfermedades Cardiovasculares del VHIR y del CIBERCV.

Hacia nuevas estrategias terapéuticas

Los resultados abren la puerta a nuevas vías terapéuticas orientadas a prevenir o retrasar la insuficiencia cardíaca asociada al envejecimiento. En particular, intervenir sobre los mecanismos que provocan la generación de AGEs o restaurar la actividad digestiva de los lisosomas podrían ser estrategias prometedoras.

“La identificación de este mecanismo nos permite entender mejor cómo el envejecimiento favorece el inicio de una insuficiencia cardíaca y abre nuevas oportunidades para desarrollar terapias dirigidas a proteger el corazón”, concluye la Dra. Marisol Ruiz-Meana.

Este estudio ha sido financiado por el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), organismo dependiente del Ministerio de Ciencia e Innovación.

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